¿Problemas de pareja? ¿Necesitamos ayuda de terapia? ¿Será una crisis pasajera o cada vez será más grave? Cuestionario: parte II

¿Problemas de pareja? ¿Necesitamos ayuda de terapia? ¿Será una crisis pasajera o cada vez será más grave? Cuestionario: parte II

¿Problemas de pareja? ¿Necesitamos ayuda de terapia? ¿Será una crisis pasajera o cada vez será más grave? Cuestionario: parte II

Si te has preguntado alguna de estas cuestiones te ofrecemos un cuestionario de pareja que te ayudará a dar respuesta a estas y otras cuestiones que en este momento ronden por tu mente y no te permiten disfrutar de tu relación sentimental.

Este cuestionario, para una mayor claridad, va dividido en diferentes secciones con una serie de preguntas en cada una de ellas. Las secciones son las diferentes áreas que son importantes para el buen o mal funcionamiento de la vida en pareja, dependiendo de cómo la pareja se encuentre en cada una de ellas .

Te ofrecemos la Parte II del cuestionario, que te servirá para seguir tu autoreflexión referente a tu situación sentimental.

Las demostraciones de afecto son uno de los aspectos fundamentales de la vida en pareja. Las muestras de afecto a diario son vitales en las relaciones de pareja (un beso, un abrazo, una caricia,…) inciden a favor de una buena y duradera relación.

Si quieres continuar con la parte II del test de pareja, responde a estas preguntas.

  1. ¿Tu pareja te besa?
  2. ¿Es cariñosa contigo?
  3. ¿Te deja conocer sus sentimientos?
  4. ¿Se da cuenta cuando estás triste, preocupada/o?
  5. ¿Te hace saber lo que le ha disgustado?
  6. ¿Perdona tus fallos?
  7. ¿Se disculpa cuando se ha equivocado?
  8. ¿Te prepara sorpresas?
  9. ¿Acierta con las sorpresas?
  10. ¿Le echas de menos cuando esta ausente?
  11. ¿Te gustan las atenciones que recibes de tu pareja?
  12. ¿Te gusta cómo se arregla?
  13. ¿Te elogia cuando tu te arreglas?
  14. ¿Te pregunta cómo te ha ido el día?
  15. ¿Recuerda vuestro aniversario?
  16. ¿Te ayuda a sentirte cómodo/a cuando no conoces a la gente con la que estás?
  17. ¿Te llama por teléfono sólo para decirte «¡hola!»?
  18. ¿Te arreglas para gustarle?
  19. ¿Te apetece prepararle sorpresas?
  20. ¿Te apetece estar con él/ella?
  21. ¿Te agradece los detalles?

El modo de respuesta va mediante la siguiente puntuación:

0. Casi nunca

1. A veces

2. Bastante

3. Muchas veces

Si te ha resultado útil, podrás realizar la                                                                               parte III

 

¿Problemas de pareja? ¿Necesitamos ayuda de terapia? ¿Será una crisis pasajera o cada vez será más grave? Cuestionario: parte I

¿Problemas de pareja? ¿Necesitamos ayuda de terapia? ¿Será una crisis pasajera o cada vez será más grave? Cuestionario: parte I

¿Problemas de pareja? ¿Necesitamos ayuda de terapia? ¿Será una crisis pasajera o cada vez irá a más?

Si te has preguntado alguna de estas cuestiones te ofrecemos un cuestionario de pareja que te ayudará a dar respuesta a estas y otras cuestiones que en este momento ronden por tu mente y no te permiten disfrutar de tu relación sentimental.

Este cuestionario, para una mayor claridad, va dividido en diferentes secciones con una serie de preguntas en cada una de ellas. Las secciones son las diferentes áreas que son importantes para el buen o mal funcionamiento de la vida en pareja, dependiendo de cómo la pareja se encuentre en cada una de ellas .

Te ofrecemos la Parte I del cuestionario, que te servirá para iniciar tu autoreflexión referente a tu situación sentimental.

De todos es sabido, que la comunicación, es el vehículo a través del cual hacemos posible la expresión de nuestros pensamientos, emociones, deseos, necesidades y en definitiva, traemos a nuestra realidad de pareja nuestra realidad mental.

Una buena comunicación, es necesaria para una buena relación, y si esa relación es de pareja, es vital, ya que si no somos capaces de comunicarnos de forma efectiva con nuestro compañero de vida, nuestro proyecto vital puede verse frustrado, y entrar en un estado de insatisfacción que contamine el clima de pareja.

Si quieres saber si tenéis una buena comunicación, tomate unos minutos y responde a estas preguntas.

  1. ¿Te gusta comentar las cosas cotidianas con tu pareja?
  2. ¿Le comentas a él/ella las cosas que te preocupan?
  3. ¿Te escucha tu pareja con atención cuando le cuentas algo?
  4. ¿Escuchas sus consejos?
  5. ¿Te interesa lo que te dice?
  6. ¿Te mira a los ojos cuando te habla?
  7. ¿Te gustaría hablar más con él/ella?
  8. ¿Encuentras un rato diario para comunicarte con tu pareja?
  9. ¿Llegáis a puntos en común después de una discusión?
  10. ¿Te resulta satisfactorio hablar con él/ella? ¿Te sientes mejor después de haberlo hecho?
  11. ¿Eres sincero con tu pareja?
  12. ¿Crees que vuestra comunicación es efectiva?
  13. ¿Es suficiente la comunicación que tenéis?
  14. ¿Tienes confianza para comentarle cualquier cosa?¿te sientes cómodo?
  15. ¿Os apoyáis el uno al otro cuando comentáis algo de otras personas?
  16. ¿Crees que cedéis igual ante una discusión?
  17. ¿Crees que sois capaces de llegar a acuerdos y respetarlos?
  18. ¿Te gusta el volumen, el tono y las palabras que utiliza tu pareja para dirigirse a ti?
  19. Si teneis hijos :¿Te apoya tu pareja cuando le dices algo a tus hijos?
  20. ¿Le apoyas tu a él/ella cuando le dice algo a tus hijos?

El modo de respuesta va mediante la siguiente puntuación:

0. Casi nunca

1. A veces

2. Batante

3. Muchas veces

Si te ha resultado útil, podrás realizar la                                                                        parte II.

 

 

 

UNAS CUANTAS TÉCNICAS PARA REDUCIR LA ANSIEDAD

UNAS CUANTAS TÉCNICAS PARA REDUCIR LA ANSIEDAD

 

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¿Ya no disfrutas de las actividades como antes? ¿Tu mente está pensando constantemente en las tareas ¨pendientes¨? ¿Temes situaciones que no puedes controlar o predecir?

Aunque resulte complicado controlar estas sensaciones, tengo una buena noticia, NO  ES IMPOSIBLE, todas las personas tenemos el poder de tomarnos las cosas con más calma, afrontando el día a día con mayor tranquilidad y de manera positiva.

Pero… ¿Cómo conseguirlo? ¿Cómo reducir la ANSIEDAD?

Lo primero que hay que hacer es CONOCERLA y ACEPTARLA. La ansiedad es muy desagradable y el primer impulso es no reconocerla. Así que, para poder saber con certeza de qué se trata,  infórmate sobre los síntomas, ya que te ayudará a gestionarla.

Tómate tu tiempo, NO vayas con PRISAS, la mayoría de las personas con ansiedad comen rápido, van de un lugar para otro, hacen muchas cosas a la vez, su ordenador suele ser un caos compuesto por diferentes ventanas y programas abiertos… y es que lo que expresamos hacia el exterior no es más que el reflejo de nuestra mente. Realizar actividades cotidianas de esta forma tan caótica y apresurada hace que el cerebro reciba el mensaje de que debe funcionar más rápido, aumentando con ello los niveles de cortisol y adrenalina y generando más ansiedad.

Así que disminuye el ritmo, dale un orden a tus tareas, prioriza las más importantes y comprobarás que conseguirás hacer más cosas y con menos estrés.

No dejes tareas PENDIENTES. Una de las cosas que más aumenta la ansiedad es recordar constantemente las tareas pendientes. Agota mucho más estar pensando constantemente en que debemos hacerlas que la propia tarea en sí.

Una buena práctica es la regla de los 2 minutos, consiste en que cuando surja una tarea, si esta no requiere más de 2 minutos, hazla inmediatamente, posponerla y recordarla consumirá más energía que llevarla a cabo. Si la tarea demanda más tiempo y no lo tienes, pregúntate si es realmente importante. Si es así, búscale un hueco en tu agenda.

images[7]Dedícate una hora para TI. En esta sociedad, que nos dicta que hay que producir para ser valioso, nos sentimos en la obligación de no parar, estamos llenos de trabajo o tareas pendientes y no encontramos ni un momento para estar con nosotros mismos. Este estado de tensión constante no permite al cerebro “desconectar”, y como resultado, los niveles de ansiedad se disparan.

Sin embargo, realizar actividades de disfrute, es tan importante como ser proactivos ya que el cerebro comienza a liberar una serie de neurotransmisores como las endorfinas, que generan un estado de bienestar y relajación.

Así que una vez al día realiza una actividad que disfrutes, cualquiera, date un baño, haz ejercicio, da un paseo, acaricia a tu perro, practica sexo, come chocolate, lee un libro…

CUESTIONA tus PENSAMIENTOS, la mente es nuestro peor enemigo, la ansiedad crece a partir de pensamientos poco realistas o exagerados de lo que puede pasar.  Esto hace que respondamos de manera exagerada ante situaciones de la vida cotidiana y  que pensemos que un simple error tendrá consecuencias nefastas.

Es importante comenzar a cuestionarse estos pensamientos: ¿Esa preocupación es realista? ¿Cuántas probabilidades existen de que se cumpla? ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Cómo podría manejarlo? 

Cambia la PERSPECTIVA, replantearse situaciones mirándolas desde un punto diferente y con actitud positiva ayuda mucho para sentir menos ansiedad en situaciones estresantes.

Consiste en dar una vuelta a esos pensamientos irracionales. Por ejemplo, si mientras estás estudiando piensas: “no voy a aprobar ese examen”. Reestructura ese pensamiento de forma positiva: “quizás no apruebe ese examen; sin embargo, me voy a esforzar para dar lo mejor de mí”.

Mira las cosas por su lado amable, seguro que controlarás tu ansiedad y podrás disfrutar y aprender.

Vive en el “AQUÍ Y AHORA”. Las personas ansiosas sufren una especie de obsesión por el futuro. Para combatir la ansiedad es necesario que te centres en el presente, disfrutar de ello, aprender a centrarte en el aquí y ahora, en la experiencia que estás viviendo, sin criticarla y sin dejar que tu mente divague hacia el futuro.

Aprende a GESTIONAR TUS EMOCIONES, Debes encontrar la manera adecuada para expresarlas.gestion de emociones 2

Descargarnos de forma violenta, gritando o pegando a una almohada, activa tu sistema nervioso y  lo que necesita es calmarse. Opta por actividades o técnicas que te relajen.

Práctica EJERCICIO FÍSICO, es una de las mejores estrategias para vencer la ansiedad, no hace falta que sea mucho tiempo, con que le dediques media hora al día es suficiente. Por otro lado, también es importante tener una DIETA VARIADA, lo que comemos pasa a formar parte de nuestro cuerpo, no te saltes comidas, reduce al mínimo el consumo de alcohol y cafeína y come más frutas y verduras.

Aprende a RELAJARTE y a RESPIRAR. La relajación posee una eficacia consistente y significativa para reducir los niveles de ansiedad en las personas.imagesCAC89KYP

Puede resultar una buena inversión aprender estas técnicas por que no sólo serán útiles para afrontar el momento actual, sino que nos ayudarán a cuidarnos ante los agobios que nos depare el futuro.

En cuanto a la respiración, es un proceso muy importante ya que a través de ella nuestra mente recibe como estamos. Cuando respiramos rápido, nuestro cerebro entiende que algo no va bien y que podemos estar en peligro, por lo que aumenta el nivel de ansiedad. Cuando respiramos lenta y profundamente, todas las funciones corporales, incluyendo el latido cardiaco, se acompasan y es más fácil relajarse.

El hecho de que hayas notado un problema dentro de ti y sepas que cambiar es una alternativa, ya dice muchas cosas buenas sobre ti. Por lo tanto, no permitas que la ansiedad te gane la batalla de la vida, toma el control de ésta y actúa ahora que aún tienes tiempo.

 

Luciana Ramos. Clínica Vanesa Hernández

 

¿Por qué me enfado tanto?

¿Por qué me enfado tanto?

 

Es posible que te sientas identificado en esta situación, a cualquiera de nosotros nos ha pasado alguna vez, si no muchas, que llegamos tarde a alguna cita debido al tráfico, a imprevistos surgidos en el último momento, o a que no nos hemos organizado tan bien como pensábamos. Para colmo quien nos esperaba, ya sea un amigo, pareja o jefe, nos lo recrimina, y nos enfadamos más, lo que nos impide disfrutar de su compañía o rendir de forma efectiva en el trabajo.

 

Habrá ocasiones en las que no podamos expresar cómo nos sentimos, por las consecuencias que tendría, pero en otras esto puede provocar discusiones y conflictos, especialmente en las relaciones más cercanas, las que antes se ven afectadas pues es donde estamos más cómodos para mostrarnos tal y como nos sentimos.

ira2“Me molesta el tráfico, que me adelanten mal, que hablen mal de mí o mi trabajo, tener que esperar mucho tiempo en el banco porque la persona de delante está hablando de su familia con el empleado de la ventanilla, ¿sabes que tengo mucha prisa?, ¿y las noticias?, mejor no hablemos de política… Pero también me molesta cuando me equivoco, cuando no consigo lo que me propongo, cuando estallo y grito a mi pareja o hijos, ya que luego me siento muy culpable y avergonzado”.

 

Como bien sabes, todos estamos expuestos a situaciones que nos enfadan en nuestro día a día pero, ¿hasta qué punto dejamos que esto nos influya y perjudique?

La ira está compuesta por pensamientos, sentimientos y reacciones fisiológicas negativas, que provocan alto malestar e interfieren en nuestras relaciones interpersonales más importantes y en nuestro trabajo. Siguen una secuencia fija: primero pienso en algo e inmediatamente después me siento de una determinada manera, todo esto conduce a que reaccione acorde a este sentimiento.

Tendemos a pensar que de estos tres componentes, la emoción es el más importante. Nada más lejos de la realidad. Aunque sea el más llamativo, ya que inunda todo nuestro cuerpo, el principal es el cognitivo, es decir, los pensamientos, pues son los que activan la cadena y conduce a que nos sintamos enojados. Éstos se caracterizan por su rigidez, absolutismo y automaticidad, y están asociados a multitud de situaciones que consideramos injustas o nos ofenden. No permiten que consideremos más posibilidades que aquella en la que pensamos primero: la persona que me ha ofendido lo ha hecho adrede; y comenzamos a rumiar sobre su mala conducta y, por ende, lo mala persona que es. El problema surge cuando estamos tan acostumbrados a vivir enfadados que el mínimo pensamiento provoca una emoción muy intensa, desproporcionada, sin llegar a cuestionar lo que se nos pasa por la cabeza.

La ira facilita la categorización de las personas como malas, injustas o merecedoras de algún castigo, aunque éste sólo se pueda llevar a cabo en nuestra mente debido a las normas que rodean las relaciones interpersonales. Esta forma de pensar impide considerar otras alternativas a la conducta de los demás, nos hace vernos como víctimas y de este modo nunca aceptaremos que nuestra forma de vivir los acontecimientos es la que determina nuestra manera de reaccionar ante ellos.

 

Vale, reconozco que me enfado con mucha frecuencia, pero no sé cómo cambiar.

iraTodos hemos oído consejos sobre cómo afrontar la ira, aunque analizándolos detenidamente, es posible que incluso acaben por aumentarla. Unos nos dicen que evitemos aquellas situaciones que nos la provocan. Si bien esto puede ser útil en determinados momentos, puesto que evitaría una discusión o pelea, evitar nos impide manejar situaciones estresantes y aprender de esta experiencia.

Otros, en cambio, indican justamente lo contrario, que digamos inmediatamente qué nos ha molestado, ya que de este modo no estaremos pensando durante horas en lo agraviados que nos sentimos y así conseguiremos que en un futuro no se repita. Parece sano poder comunicar emociones, y lo es, siempre que sea de forma razonada, cosa que no suele suceder cuando estamos enfadados.

A nuestro alrededor hay un sin fin de sucesos que nos molestan y provocan nuestra ira con razón, damos por hecho que nuestras emociones están gobernadas entonces por hechos externos a nosotros, y esto no es más que adoptar una posición pasiva: soy incapaz de manejar mis emociones porque no soy responsable de ellas.

Pero tenemos que saber una cosa, somos nosotros los que nos enfadamos debido a una creencias sobre cómo deben regirse las relaciones y las normas sociales o laborales.

Los sucesos, per se, no tienen la capacidad de alterar a nadie que no esté predispuesto a ello. Si no, imagínate en un atasco de tráfico importante, hay quien reacciona pitando e insultando, otros golpean en volante, otros se recriminan a sí mismos no haber salido antes, pero también están los que tienen paciencia y saben que estas cosas pasan, sin sufrir la misma alteración que los anteriores. Si fueran los acontecimientos externos los que marcaran las emociones, todos reaccionaríamos igual ante una misma situación.

Parece fácil enumerar los errores que cometemos, y seguro que muchos de nosotros hemos intentado cambiar en algún momento de nuestra vida, cuando hemos visto peligrar algo valioso para nosotros, pero sin conseguir establecer una nueva forma de actuar y volviendo a repetir los patrones anteriores.

No te culpes más por no poder actuar de otra forma, ya que hay quien ante injusticias o provocaciones reacciona de forma distinta, se deprime y tira la toalla. Podrías aprovechar toda esta energía negativa para transformarla en el combustible necesario para superar los obstáculos e interpretarlos de una forma más constructiva, mejorar tus relaciones y estar más relajado. Te podría decir que no está tan mal cómo te sientes, siempre que no termine en algo grave, pero también que te puedes sentir mucho mejor si reduces esta emoción y la cambias por otras más agradables.

Si continuamos así, ¿cómo crees que estaremos en unos años? No nos engañemos, lo que ocurra a nuestro alrededor seguirá siendo lo mismo, pero aprenderemos a aceptar que hay cosas que no se pueden cambiar, pero sí la forma de verlas.

No podemos cambiar lo que pasa a nuestro alrededor, pero sí cómo lo afrontamos, y desde la Psicología contamos con herramientas de eficacia demostrada en el autocontrol y manejo adecuado de las emociones. Requieren tiempo y esfuerzo, mucha constancia y luchar contra esos impulsos a los que hemos sucumbido durante puede que años, pero merece la pena para conseguir aquello que deseamos en la vida.

 

María Martínez en Clínica Vanesa Hernández

Cómo poner fin a las batallas con tu hijo por la comida

 

1.«¡Si no fuera porque estoy encima, mi hijo no comería nada!»

«¡No hay manera de que mi hija pruebe alimentos nuevos!»

«¡Ya no recuerdo qué es comer sin gritos ni discusiones!»

 

Muchos padres y madres libran batallas a diario con sus hijos relacionadas con su alimentación que con frecuencia llegan a convertirse en verdaderas fuentes de estrés tanto para mayores como para pequeños.

 

Niños que comen poco, comen mal, solo comen lo que les gusta, montan un circo en la mesa,… Cualquiera de estas circunstancias puede tener su origen en la primera infancia, cuando los niños rechazan introducir en su dieta alimentos con nuevos sabores y texturas. También pueden desencadenarse tras un episodio de enfermedad durante el cual el niño pierde el apetito y los padres preocupados, le exigen que coma. En otras ocasiones, simplemente el niño es más lento que sus hermanos comiendo y esto hace que los padres le presten excesiva atención y se impacienten.

 

Independientemente de la causa que las origina, estas dificultades pueden quedarse en anécdotas puntuales o persistir e incluso agravarse con la edad.

 

Cuántas madres motivadas por la angustia que les supone pensar que sus hijos no se están alimentando correctamente, intentan todo tipo de artimañas para conseguir que coman: juegos para distraerlos, darles la comida a la fuerza, premios, chantajes, dejarles ver la televisión, jugar con el móvil o la tablet,… En un intento de buscar soluciones, han pedido consejos a familiares y amigos, escuchando con frecuencia «Tranquilízate, ¡tu hijo no se va a morir de hambre!«. Sin embargo, para ellas suele resultar frustrante tener la sensación de que sus pequeños comen cantidades insuficientes y pensar que su desarrollo puede verse alterado. Incluso después de que el pediatra haya descartado problemas de salud asociados a la inapetencia, aún persiste la duda «¿Por qué mi hijo no come todo lo que yo quiero que coma?»

 

habitos-alimenticios20111122Los niños suelen poner a prueba la paciencia de sus padres a través de sus negativas a comer determinados alimentos, ingiriendo solo una pequeña porción de comida, levantándose de la mesa, discutiendo, tirando el plato, escupiendo… Estas conductas manipulativas que desesperan a los padres les hace ser conscientes de la influencia que tienen sobre ellos, lo que da lugar a luchas de poder constantes. Enzarzándose en discusiones, tienen grabado en sus mentes «¡Mis padres no pueden conmigo, puedo controlarlos con mi comportamiento!»

 

Cuando este escenario de disputa se repite a lo largo del tiempo, se acaban consolidando dinámicas familiares inadecuadas que hacen que las comidas se conviertan en un suplicio. Además, los menores pueden llegar a desarrollar actitudes negativas hacia la comida (quejarse de dolores de barriga, vomitar y desarrollar manías alimenticias) a la vez que se les altera el ciclo natural de hambre y saciedad.

 

fotocambio

 

¿Cómo dar un giro a esta situación?

 

 

 

Ellyn Satter (www.ellynsatterinstitute.org) plantea tener presente una interesante premisa que se guía por dos normas básicas:

 

  1. Los padres son responsables de QUÉ, DÓNDE y CUÁNDO comen sus hijos.

  2. Los niños son responsables de CUÁNTO comen.

 

Esto se traduce en que los padres son los encargados de seleccionar, comprar, preparar y ofrecer las comidas a los pequeños, teniendo en cuenta que no es recomendable sustituir alimentos ricos nutricionalmente (verduras, frutas,…) por otros más pobres pero sabrosos que les gustan y con alta probabilidad se comerán (pizza, patatas fritas,…). Lo ideal es que toda la familia coma el mismo menú, salvo prescripción médica, y que los alimentos sean variados para que los pequeños tengan la oportunidad de ir probando sabores y texturas diferentes.

 

Como también es tarea de los padres elegir el lugar dónde se come, lo más adecuado es hacer uso de una mesa en un sitio tranquilo y sin distracciones. Es importante evitar la televisión, el móvil, la tablet u otros aparatos electrónicos y favorecer las conversaciones en familia sobre temas que no generen conflicto.

 

Con respecto al horario de las comidas, lo ideal es establecer una rutina de cinco comidas al día (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena) que se cumpla estrictamente de modo que el niño no coma en cualquier momento que a él le apetezca. Dejaremos bien claro a los pequeños que si por ejemplo, no quieren comer a medio día, no se les permitirá probar nada hasta la hora de la merienda.

 

Ahora bien, los encargados de decidir si comer o no y la cantidad a ingerir son los propios niños. Tal vez esta sea la premisa más difícil de asumir para los padres. El miedo a que si dejamos elegir al niño no comerá lo suficiente, puede evitarnos la oportunidad de observar cómo se reconducen drásticamente sus problemas alimentarios. Al recaer en el niño la decisión acerca de cuánto comer, favorecemos la restitución de la capacidad natural de su organismo para establecer la cantidad de comida que necesita, en función de sus sensaciones de apetito y saciedad. Por lo tanto, los padres pueden contribuir enormemente a este fin dejando de insistir para que los niños coman lo que ellos consideran adecuado y no proporcionando comida a deshoras para compensar.

 

imagesEn resumen, para conseguir que toda la familia acabe disfrutando de las comidas es crucial un cambio de actitud. Teniendo en mente la idea de que los adultos son los que deciden qué se come y los niños cuánto, normalizaremos las pautas de alimentación. Además, haciendo un esfuerzo por reducir la atención excesiva sobre la conducta alimentaria del niño, evitando lanzar mensajes del estilo tipo «este niño come fatal«, «sólo come lo que le gusta«, «la hora de la comida es un suplicio con él» para prevenir que integre la etiqueta de mal comedor en su autoconcepto y controlando nuestros propios miedos lograremos que las comidas sean momentos de reunión familiar agradables. ¡Con paciencia y consistencia es posible!

 

 

Clínica Vanesa Hernández

Psicología Infantil

 

 

¿Que es lo que falla?¿De dónde viene mi insatisfacción?¿por qué me siento vacío?

¿Que es lo que falla?¿De dónde viene mi insatisfacción?¿por qué me siento vacío?

«Psicólogos en Murcia»

 

insatisfacción

Si en tu mente rondan preguntas como ¿qué es lo que falla?¿de dónde viene mi insatisfacción?¿por qué me siento vacío?, puede que, si sigues leyendo estas líneas encuentres algunas respuestas.

Lo tienes todo para ser feliz, de hecho, estas en uno de los mejores momentos de tu vida, ya que puede que hayas conseguido todo o casi todo aquello que anhelabas para conseguir la ansiada felicidad. Y ahora que lo tienes, no te sientes como esperabas.

Haces todo aquello que has hecho hasta ahora para sentirte bien, sin embargo, ahora no funciona como siempre. Realizas pequeños cambios en tu rutina, pero al no conseguir la sensación deseada, abandonas y vuelves a las costumbres de siempre. Buscas fuera todo lo que puede estar fallando, pero todo está bien, como querías que estuviera. Pero tu no te sientes bien.

Pues, voy a decirte algo. Quizá no encuentres lo que buscas porqué estás mirando en el sitio equivocado. Fuera, todo está bien, tienes razón. Por ello, no encuentras qué es lo que falla. Dónde quizá encuentres algo que no funciona es dentro, dentro de tu mente y de tus creencias. El paradigma que dirige tu vida.

En la mayoría de los casos, cuando esto ocurre el motivo fundamental son unas creencias que se han quedado anticuadas para tu nueva forma de bienestar.

Las creencias, principios o valores implícitos organizan sin que nos demos cuenta la forma en que percibimos nuestra realidad, a nosotros mismos y a los demás. Son las lentes a través de las cuales miramos al mundo. Cuando tengo un grado de insatisfacción sin explicación aparente, puede que sea necesario cambiar la graduación de esas lentes, ya que las que tengo, no me permiten ver las cosas con la suficiente claridad y nitidez como para reportarme el bienestar que necesito.

LENTES
Así que si ya has buscado fuera sin encontrar el motivo de tu insatisfacción, te recomiendo que prestes atención a tus pensamientos, ya que en ellos detectarás lo que de forma consciente o no decidiste en un momento dado que serían las normas por las que se regiría tu vida.

Estas normas definen lo que es importante para ti, lo que es una prioridad en tu vida para  poder sentirme bien. Sin embargo, casi nunca nos hemos parado a pensar si las creencias que diariamente organizan nuestra vida, nos definen o nos hacen ser la persona que nos gustaría y nos llevan por el camino que nos apetece recorrer. Muchas de ellas, llevan contigo tanto tiempo que ni siquiera te das  cuenta de su presencia, pero están tan arraigadas que tampoco te las cuestionas, no te plateas si son ciertas o no, si te producen realmente bienestar, o se han quedado obsoletas. Sin embargo, pese a que las creencias pueden ser las mismas durante años, y ni siquiera sabes ni cuando decidiste empezar a pensar así, ni tampoco por qué lo hiciste, tus necesidades, circunstancias vitales, laborales, familiares, etc, han podido cambiar. Esas creencias no son compatibles con tu nueva situación, sin embargo, por inercia sigues fiel a ellas, durante un tiempo valieron, es más, alguien podría decir: “ «siempre me ha funcionado, yo soy así”, y entonces más nos aferramos a que es cuestión de esforzarnos más en ser fiel a ellas, una cuestión de fidelidad, más que una cuestión, de un desequilibrio real, producido porque mis creencias no se ajustan a mi nueva situación.

insatisfacción 2Esto provoca una sensación de insatisfacción continua, ya que si, por ejemplo, mis creencias dan prioridad a valores como el trabajo, asumiendo una responsabilidad excesiva y adoptando una actitud de demostrar y demostrarme que soy capaz para el puesto, puede que ese día se me haya quedado algo por hacer. En mi cabeza es prioridad el terminar esa tarea, con lo que es pensamiento conecta directamente con mi sistema emocional y pienso que no me sentiré bien hasta que la acabe. Si por el motivo que sea, no soy capaz de terminarla, ese día, llegaré a casa con una sensación de insatisfacción elevada, tirando por tierra, no solo todo el trabajo que he realizado ese día, sino también, todas las cosas maravillosas que he sido capaz de realizar, disfrutar o experimentar.

De ahí la importancia de nuestro sistema de valores y creencias. Una creencia o pensamiento, está directamente relacionado con las emociones que sentirás en función de él.

Pero si estas en un momento vital, en el que ya tienes una estabilidad laboral, me he demostrado y demostrado a los demás que soy de sobra competente en  mi trabajo, no tiene sentido que mi prioridad siga siendo esa. Seguramente hubo una época en mi vida que lo fue. Pero en este momento mis necesidades han cambiado. Pero mi mente, animal de costumbres,  me sigue diciendo que me sentiré bien sólo si sigo esa premisa. De hecho si la sigo, pensaré que hice lo correcto, pero lo que en ese momento no sé es que, si no escucho mis necesidades, esa sensación de hacer lo correcto, se tornará a lo largo de los días, semanas, meses, años, en una sensación de malestar generalizado, insatisfacción con todo, falta de motivación e ilusión, y caeré en la cuenta que lo que siempre me funcionaba ya no lo hace.

Por lo tanto, la clave estaría en reestructurar las creencias origen para reeducar nuestro sistema emocional, y volver a recuperar el equilibrio y el bienestar

 

insatisfacción 3 Para reestructurar las creencias que ya no me dirigen hacia la persona y la vida que quiero, lo primero es identificar cuales son. Quizá esta sea la tarea más complicada. Puede que racionalmente las haya cambiado ya, es decir, creo que pienso de otra manera a la que pensaba antes, pero emocionalmente no he logrado interiorizar el cambio para sentirlo así.Ya  forman parte de nuestra personalidad. También puede ocurrir que, en alguna ocasión, hayamos hecho el intento de cambiar algo, y como no me hacía sentir bien tampoco, volvimos a la vieja costumbre, que aunque malo, por lo menos conocido. No tuvimos la paciencia suficiente para entender que las emociones siempre van más lentas que los pensamientos y comportamientos. No es que no funcionase, sino que no esperamos lo suficiente para comprobar que ocurría

Así que, te propongo hacer una excursión diaria a tus pensamientos y explorar en qué tipo de creencias se apoyan, por que seguramente te des cuenta que aunque ya no te sientas identificado con ellas, te las crees fielmente y actúas y te sientes en función de ellas. Muchas de estas creencias además, ni siquiera tu las decidiste. Son el resultado de la educación, el colegio, la cultura, el entorno, las experiencias vividas, y una mezcla de todo. Se fueron acomodando en tu mente, muy poco a poco, tan lentamente que no te percataste que habían ocupado el puesto de mando de tu barco, y por comodidad, miedo a asumir el timón, o simplemente por no cuestionarlo, decidiste ser durante un tiempo un pasajero del barco de tu vida al que llevaban cómodamente a un destino, supuestamente el paraiso de tu bienestar, pero que nadie te preguntó, ni tú te paraste a pensar si te apetecía continuar en esa travesía. A todos nos llega el momento de que nos percatamos de que no somos nosotros quienes llevamos el timón del barco, pero aunque queremos asumirlo, posponemos el hacerlo porque aunque no nos sintamos capaces de pilotar la nave, una vocecilla nos dice que es nuestra nave, que podríamos.

Pero entonces nos encontramos con otro problema mayor. ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿A dónde queremos ir? ¿Qué es lo que nos hará felices?. Y en ese momento nos damos cuenta de que no sabemos qué rumbo tomar, ni qué destino escoger, y puede que en ese momento decidamos que posponemos el asumir el barco unos días más, o semanas o meses o años. Ahí es cuando la dulce travesía que me llevaba a ese destino paradisiaco, empieza a no gustarme, a provocarme sensaciones de insatisfacción, ya no disfruto del crucero, y entonces no sé qué hacer porque aún no sé que destino elegir.

 

Este punto es casi tan complicado como el anterior. Para poder cambiar una creencia tengo que saber qué cambiar, pero para cambiarla tengo que tener otra de repuesto. Así que después de ser consciente que el rumbo quieres cambiarlo y asumirlo tu, tendrás que elegir un destino que te permita determinar la mejor travesía para llegar a él.

 

Puede que el motivo de tu insatisfacción esté en un sistema de creencias que ya no cuadran con tus nuevas necesidades e inquietudes.

Atrévete a explorarlas y cambia de paradigma. Quizá tus lentes necesiten una nueva graduación.

¿Cómo saber si mis pensamientos son obsesiones? ¿Tengo un trastorno obsesivo compulsivo?

¿Cómo saber si mis pensamientos son obsesiones? ¿Tengo un trastorno obsesivo compulsivo?

«Psicólogos en Murcia»

mis obsesionesSi estás leyendo estas líneas es porque como comúnmente se dice “estás obsesionado con algo”. Con mucha frecuencia, utilizamos esta expresión u otras parecidas como, eres un maniático, «tiquismiquis», paranoico…, para referirnos a situaciones en las que no podemos evitar pensar en algo que nos preocupa o en las que necesitamos que las cosas sean de una determinada manera para sentirnos tranquilos.

Sin embargo, cuando estas «manías», o preocupaciones, nos superan, no podemos evitarlas, ya que nos generan un nivel de angustia elevado, e interfieren en nuestro día a día, empezamos a pensar que todos estos términos que utilizamos de manera cotidiana, como una forma de hablar, ya no es lo que a nosotros nos ocurre. Comenzamos a pensar que lo que a nosotros nos sucede no es eso, no es algo que entre dentro de lo que consideramos normal.

Y ahí es donde tenemos la curiosidad de interesarnos por saber qué es lo que realmente nos pasa y buscamos información.

Así que creo que lo primero de lo que nos tenemos que ocupar si estás leyendo estas líneas es de dar respuesta a unas cuantas preguntas que supongo rondarán por tu cabeza

¿Preocupación excesiva, manías u obsesión? Esa es la cuestión

Si te encuentras continuamente preocupado excesivamente por aspectos de la vida cotidiana  como el trabajo, estudios de tus hijos, cosas por hacer, relaciones con los demás, tareas domesticas, no cumplir objetivos,… y esas preocupaciones van variando a lo largo del día, es decir, que no siempre es la misma, no te sientes raro por tenerlas, ni temor por ello, ya que necesitas pensarlas en un intento de encontrar la solución y la calma…

y además , esos pensamientos te  provocan síntomas físicos de inquietud continua, tensión muscular, problemas de sueño, problemas de estómago y muuuuucho cansancio, entonces se trata de……PREOCUPACIÓN EXCESIVA.

Sin embargo, cuando uno o varios pensamientos o imágenes, repetitivos, asaltan tu cabeza, y pese a tu intento por controlarlos no te es posible, aún sabiendo que son totalmente irracionales, y el pensarlos te crean una angustia intensa que aumenta cuanto más piensas en ellos ya que temes las consecuencias catastróficas que pudieran provocar, te hacen sentir vergüenza y sobre todo te hacen dudar, entonces estamos ante……UNA OBSESIÓN.

mis obsesiones 2Así que la PRIMERA ACLARACIÓN PRÁCTICA que dará respuesta a tus preguntas es que es una obsesión cuando:

  • Temes tener esos pensamientos o imágenes..
  • Luchas activamente contra ellos.
  • Evitas o por lo menos intentas evitar cualquier situación que te los recuerde ( lugar, programa de televisión, conversación…)
  • Si tu propósito de cada día es no tener más ese pensamiento, y te preocupas reiteradamente de poder tenerlo.

 

 

¿Un pensamiento que me preocupa se puede convertir en una obsesión? DEPENDE.

Hay ocasiones en las que uno de esos pensamientos de los tantos que pasan por nuestra mente a lo largo del día, llama nuestra atención por su contenido. Es un pensamiento agresivo, de contenido sexual que nos avergÜenza, o de algo a lo que tememos. A ello se une que la temática está relacionada con algo que nos importa en ese momento. Entonces la probabilidad de que ese pensamiento no salga de la mente sin más y se quede provocándonos una sensación de angustia es alta. Nos cuestionaremos por qué lo hemos pensado, y al volverlo a pensar la angustia aumentará. Hasta que me haga dudar acerca de lo que el pensamiento describe tienen algo que ver conmigo. En el momento en que el pensamiento me hace dudar, es cuando se convierte en una obsesión.

Si el pensamiento no está relacionado con principios o valores fundamentales para mi, algo que  no sea importante en ese momento, la probabilidad de que se quede en mi cabeza dando vueltas es muy baja.

 

Y ¿POR QUÉ ME OCURRE ESTO A MÍ?

Siento decirte que pese a que nos encontramos en la era moderna donde la tecnología avanza por segundos, en este caso las investigaciones no son del todo concluyentes.

Aún así, se han descubierto cositas que nos ayudan a explicar en parte, por qué tú, tienes un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo).

motivacion2Como ya sabemos, existe una mayor predisposición genética a padecer determinadas enfermedades. Nuestros genes determinan la facilidad con la que cada uno de nosotros recorreremos un camino u otro. Si seremos más propensos a dolores de estómago o a tener jaquecas. Pues en el caso de  enfermedades mentales ocurre lo mismo.

Así que uno de los motivos es que la madre naturaleza dejó en ti unos genes obsesivos, dormidos en principio, pero esperando ansiosos despertar.

Por otro lado existen áreas cerebrales relacionadas con las obsesiones. Estas áreas son los ganglios basales, la corteza cingulada y la corteza orbitofrontal. En este caso, una vez más, tampoco hay una claridad total de la causa ya que no se ha logrado clarificar qué ocurre antes, si las obsesiones y compulsiones provocan una actividad diferente o lesiones en estas áreas cerebrales o todo lo contrario, si las lesiones provoca la aparición de obsesiones y compulsiones.

Como otro ingrediente, tenemos otro tipo de herencia, la de la educación recibida en casa y fuera de ella. Cualquiera de estas nos vale:

  •  Asunción prematura de responsabilidades convirtiéndote en demasiado maduro para tu edad
  • Demasiada sobreprotección
  • Tus padres le daban mucha importancia a no cometer errores, a las consecuencias de ello
  • En algún momento pensaste  que  de tus padres estaban obsesionados con la limpieza o el orden
  • Acudiste a un colegio muy exigente, o con creencias religiosas extremas o quizá eras bueno en un deprote y el club al que acudías imponía normas de comportamiento y objetivos demasiado intransigentes para ti.

Y por último, la mala suerte, si la mala suerte.

Muchas personas con trastorno obsesivo relatan la mala suerte de haber asociado en su infancia un pensamiento con la ocurrencia de un acontecimiento traumático en sus vidas. Imagínate un niño al que le riñe su abuelo, en ese momento desea que le ocurra algo malo, y días después el abuelo fallece.

Mala suerte si…. Pero en su mente se queda grabada la idea de tener el poder de poder influir en las cosas que ocurran a su alrededor.

Una mala noticia, La ciencia aun no ha descubierto que tengamos poderes. Es una muy mala noticia, lo sé, pero por pensar las cosas no ocurren.

imagesCAAXVE2S¿Pero el tener estas obsesiones significa que estoy loco? y si no lo estoy, ¿me podré volver loco y hacer lo que mis pensamientos me dicen?

Ni estás loco ni te volverás ni harás lo que tus pensamientos te dicen. Tampoco por pensarlo significa que sea cierto, simplemente son pensamientos.

La mayoría de personas que padecen obsesiones, tardan en pedir ayuda, y mucho menos en contárselo a nadie, por miedo a que se piensen que están locos o por miedo a que se confirme su miedo y un profesional les diga que lo están.

Tienen miedo a perder el control y que se cumplan las consecuencias catastróficas que su mente les anuncia constantemente. En la mayoría de ocasiones, la persona desarrolla compulsiones para evitarlas y en consecuencia aliviar la angustia que les provocan las obsesiones.

Me gustaría acabar la publicación respondiendo a la pregunta de ¿Esto se cura?

El TOC obtiene muy buenos resultados con la terapia cognitivo-conductual, acompañada o no de medicación.

Así que sí, si podrás dominar tus obsesiones.

 

COACHING PERSONAL: Entrenamiento personalizado para ser quien te gustaría. Consigue la vida que quieres

COACHING PERSONAL: Entrenamiento personalizado para ser quien te gustaría. Consigue la vida que quieres

entrenamiento El «coaching personal» es un entrenamiento personalizado para conseguir ser la persona que siempre has deseado y conseguir que tu vida sea como te gustaría.

Es un programa dirigido a todas aquellas personas que quieran mejorar, es decir, para aquellos que aunque les van bien las cosas,  les gustaría que les fueran mejor.

Dirigido también para aquellas personas que sienten determinadas dificultades a la hora de enfrentar o gestionar aspectos de su vida, pero que no sienten un malestar “clínicamente significativo” y por ello consideran que de momento no es necesario acudir a un psicólogo para recibir la ayuda profesional oportuna.

Es un entrenamiento que en ningún caso, sustituye la ayuda de una psicoterapia. Si bien, en algunos ocasiones podríamos considerarlo la antesala de ello, pues, si siguiendo las indicaciones del programa no sintieras mejoría, no dudes en acudir a una terapia sistemática supervisada por un profesional.

La intención es ofrecerte las herramientas básicas para mejorar tu vida, para que dejes de sobrevivir,  para que de una vez por todas dejes de buscarte la vida y comiences a vivirla.

lapiceros

 

Te ayudará a descubrir qué es lo que falla y poder decidir las elecciones que te conducirán a la persona que siempre quisiste ser. Recuerda que tus decisiones son los lapiceros con los que dibujas tu vida.

 

Te podrá ayudar a conocerte mejor a ti mismo para aumentar tu autoestima y confianza, a superar tus miedos y limitaciones, a dejar de preocuparte y comenzar a ocuparte, a ser independiente emocionalmente, a reestructurar creencias irracionales, a vencer la indecisión, gestionar tus emociones de modo efectivo, resolver conflictos, mejorar tus relaciones personales, reconducir tu vida personal y profesional, elevar tu motivación e ilusión, marcarte metas y objetivos personales y profesionales…En definitiva, aumentar tu sensación de bienestar.

 

 

EN UN ENTRENAMIENTO PERSONAL TENEMOS QUE TENER EN CUENTA:

  1. Nuestras creencias y pensamientos. Son lo que condicionan nuestra visión del mundo y de nosotros. Es fundamental cambiarlas. Técnicas: a-b-c, detección del pensamiento, dejarlas pasar sin ningún tipo de juicio, meditación.
  2. Nos ayudarán a cambiar nuestras emociones. Gestión adecuada de las emociones. De donde proceden, qué creencias las sostienen, que hábitos o relaciones las refuerzan,
  3. Aceptación de nuestra realidad y circunstancias. Pararnos a mirar nuestra realidad de modo objetivo. Seguro que hay aspectos positivos y aspectos negativos. De nosotros mismos y de nuestra realidad. Deja de preguntarte ¿por qué? Y empieza a realizar las preguntas adecuadas ¿qué falla? ¿Qué tengo que cambiar? ¿cómo?
  4. Cambio de hábitos, actitud, comportamiento. Acércate más a la persona que te gustaría ser. Vencer obstáculos, inercia, malas rutinas y costumbres que te estancan. Eliminar de tu vida todo aquello que te reste energía, incluido personas, y llenarla de aspectos que te carguen de ella.
  5. Estrategias de motivación: proactividad, elaborar plan de acción..
  6. Desarrollar tu potencial personal y profesional
  7. Cambio de relaciones.
  8. Confianza en ti mismo: Asertividad, Toma de decisiones, superar miedo al fracaso y demás que te limiten.
  9. Practicar la gratitud y compasión

 

felicidad

«Psicólogos en Murcia», Vanesa Hernández

Claves para hacer de este año el mejor de tu vida

Claves para hacer de este año el mejor de tu vida

 

 

Motivación 1El objetivo de esta publicación es motivarte para que te decidas a llevar la vida que siempre has deseado.

Me gustaría compartir con todo aquel que le apetezca cambiar su vida, unas cuantas claves básicas necesarias para que este año 2015 sea el mejor de tu vida, para que sientes las bases que te conducirán al destino que deseas, en lugar de dejarte llevar por la misma corriente que te ha llevado a un destino que no es el que te gustaría para tu futuro.

Piensa que si deseas llegar a otro lugar necesitarás abandonar el que te encuentras.

En primer lugar, si quieres que este sea el mejor año de tu vida comienza por cambiar tu modo de pensar acerca de las cosas, el tiempo y esfuerzo que gastamos en pensar de modo negativo es el mismo que tendríamos que invertir en pensar lo mismo pero positivamente. Sin embargo pese a que la inversión inicial y el tiempo dedicado es el mismo, el balance final de nuestro proyecto de vida nos dará negativo en el primer caso y obtendremos beneficios en el segundo.

La clave para mantener una actitud positiva esta en dejar de pensar todo lo que puede salir mal y comenzar a pensar en todo aquello que puede salir bien.

Se que para empezar, esto que os planteo no es fácil y menos aún mantenerlo en el tiempo. Luchamos contra una carga genética que conduce nuestro pensamiento a detectar todo peligro, amenaza, incertidumbre, ausencia de control o toda inseguridad que atente contra nosotros o nuestro entorno. Es lo que conocemos como miedo. Estamos programados para sobrevivir, pero nos hemos ocupado tanto de proteger nuestra vida, de “buscarlos la vida” como coloquialmente se suele decir, que nos hemos olvidado de vivirla. Por otro lado también luchamos con todo un bagaje cultural y educacional, que nos invita a conservar lo seguro y no arriesgarnos. “Piensa mal y acertarás”- decía mi abuela. Y por desgracia no sólo lo decía ella.

Esta costumbre de pensar en negativo se refleja en nuestro día a día en las cosas más pequeñas, no hace falta que estemos hablando de grandes decisiones o proyectos de gran envergadura. Por ejemplo, si envías un mensaje a alguien y no te contesta cuando tu crees, piensas que le puede ocurrir algo.  Sin embargo, no te ocurre nada con esa persona. Pero en lugar de pensar con normalidad, no nos quedamos tranquilos hasta que contesta. Aunque  la idea negativa que habías tenido nunca ocurre, seguiremos pensando por si en la siguiente ocasión si. Y así de cabezotas nos hace ser el miedo.

Así que recuerda, la primera clave para que este sea el año de tu vida es reeducar tu pensamiento hacia la positividad. Entrénate  cada día a pensar qué podría salir bien. Date la oportunidad de poder disfrutar de tu vida. Inténtalo

“No tienes que ser el mejor para comenzar pero sí comenzar para ser el mejor”motivacion2

 

El segundo paso es crear rutinas, costumbres positivas, que me lleven a conseguir mi objetivo.

Si no generamos hábitos, nos cuesta mucho esfuerzo el poder conseguir objetivos. Nos sentiremos frustrados continuamente por no conseguir lo que queremos.

Las personas con éxito, se diferencian de las que no lo tienen en que tienen rutinas establecidas, que les llevan a conseguir determinados objetivos de modo eficaz sin tanto esfuerzo.

Un truco para generar rutinas es marcarte un objetivo y asociar tu objetivo a la emoción positiva que te producirá el conseguirlo. Visualízate cada día en ella.

No caigas en el error de machacarte con “deberías”, no debes realmente realizar nada. Los “deberías”  traducen a tu mente un mensaje negativo, un mensaje distorsionado de la realidad, ya que es algo que tú positivamente has elegido hacer, porque te gustaría conseguir algo, te sentirás mejor realizándolo y estarás más cerca de la persona que quieres ser para conseguir la vida que te hará feliz.

Así que genera hábitos, se disciplinado. Sólo así conseguirás lo que quieres.

motivacion3El tercer paso es saber qué quieres. Crearte metas que te motiven realmente, tenemos que saber concretamente hacia donde nos dirigimos. Es bastante más probable que lleguemos a nuestro destino, si sabíamos dónde íbamos.

Repasa las principales áreas de tu vida, lo que es importante para ti, y crea unos cuantos objetivos para cada una de ellas. Es necesario que, del mismo modo en que hicimos con las rutinas, las metas estén cargadas emocionalmente.

Para ello puede seguir este método de tres pasos:

Ser consciente de la emoción negativa que me produce mi situación actual, la emoción negativa que despierta en mí la necesidad de cambiar las cosas.

Asociar mi meta a la emoción positiva que sentiré cuando lo consiga.

Pensar en cómo cambiará mi vida, el beneficio real  que obtendré al conseguir lo que me propongo.

La cuarta parte es crear un plan organizado. Si ya tenemos claro nuestro destino, tendremos que desarrollar la ruta adecuada que nos lleve a él.

Si ya tienes claro qué es lo que quieres, habrá que ponerse en acción para conseguirlo. Si no hacemos nada para ello, la probabilidad de que ocurra disminuye cada día que nos quedamos parados esperando a comprobar que pasa.

Para ello, buscarás las formas alternativas de poder llegar a él, los medios necesarios, las personas que necesitas…

Cuando creas que ya lo has pensado todo, no es así. Te darás cuenta que buscando opciones, te encontrarás otras que te conducirán a tu destino.motivacion 4

El quinto paso es atreverte al cambio, arriésgate, si normalmente no te ríes con facilidad hazlo, si sueles decir que no a las invitaciones, di que sí, si normalmente verías la televisión cuando llegas a casa, no la enciendas, si trabajas muchas horas cada día y tu sensación no es de satisfacción, reorganízate y llega antes a casa, si no te relaciones, hazlo, si no te dedicas tiempo a cuidar tu imagen, cuídate, si normalmente no das las gracias, dalas por todo, si eres de los que escuchan, atrévete a hablar.

Haz lo que no harías. Reta a tu mente y haz justo lo contrario a la inercia. Piensa que esa inercia hace que tu vida no sea la que te gustaría. Sal de esa comodidad incómoda de la que tanto te quejas.

Si no cambias, todo seguirá igual.

Por último, se agradecido. Lleva la gratitud contigo donde vayas, agradece cada cosa que te ocurra, da las gracias por todo, convierte la gratitud en tu signo de identidad.

Notarás, no solo que la actitud de los demás cambia hacia a ti, sino que tú te sientes infinitamente mejor. La gratitud es como un boomerang emocional, siempre viene de vuelta

 

Miedo al fracaso

Miedo al fracaso

imagesCAOWMP8QLejos de pretender hacer un análisis conceptual de lo que significa éxito o fracaso, me gustaría trasmitir los beneficios de superar uno de los miedos que está tan  extendido y arraigado en todos nosotros,  que la mayoría pese a saberlo, nos cuesta aceptarlo.

Si le preguntáramos a una gran parte de la población adulta qué piensa acerca del miedo al fracaso, la mayoría nos daría respuestas del tipo: “el fracaso lo tienes ya”, “el fracaso es no intentarlo”, “el que no arriesga no gana”, “qué pierdes por intentarlo”…

Sin embargo, la gran mayoría de estas personas en el fondo de su ser, preferirían no intentarlo y quedarse con la sensación del deseo de que hubiera salido bien si lo hubieran hecho, antes que intentarlo y fracasar.

El miedo a fallar es algo que va en la etiqueta del ser humano, ya que en toda decisión hay un riesgo no controlado que implica incertidumbre, y la incertidumbre es la duda que siembra el miedo. Miedo porque perseguimos la seguridad, sólo así nos sentimos tranquilos, pensando que todo está controlado.Pero seguramente, casi nada de lo que condiciona tu situación en ese momento depende de ti. Entonces no sería lógico preguntarse ¿Qué clase de seguridad me ofrece algo que depende de las decisiones de otros? Yo me lo cuestionaría.

Intentar conseguir un objetivo no es intentarlo una vez y ver qué ocurre. Intentar un objetivo es perseverar hasta conseguirlo. Ello implica que nos tendremos que enfrentar a que las cosas no salgan como nos gustaría, implica enfrentarse al fracaso una y otra vez. Algo,  que si lo enfocamos de forma positiva implicaría un proceso de aprendizaje cada vez mayor, normalmente supone todo lo contrario. Pensamos en qué hicimos mal para que el resultado fuera el que fue. Al pensar en lo que no supimos hacer, nuestra confianza en nosotros mismos,  nuestra sensación de la capacidad de poder conseguir lo que pretendemos se va minando, va disminuyendo en  cada fracaso que experimentamos.

Y así es cómo se produce el abandono de la consecución de un objetivo. Para no enfrentarnos a esa sensación desagradable de no sentirnos capaces, preferimos quedarnos con la duda de lo que hubiera pasado si lo hubiéramos intentado.

Por el contrario, si cada vez que fracasamos en nuestro intento de algo, nos quedamos con lo que hicimos bien para llegar donde llegamos, nos servirá para aprender qué tenemos que seguir haciendo y qué tenemos que incorporar para seguir avanzando hacia la consecución de nuestra meta.

Si caes en la duda, el miedo se hará contigo,  ya que dirigirá tu pensamiento a todo lo que puede salir mal.

duda-metodica-1-thumb[1]En este caso, cuando flaquees y no sepas si es mejor decidir arriesgar o no, piensa en qué harías si tuvieras la seguridad de que todo va a salir bien. Desarrolla la costumbre de pensar en todo lo que puede salir bien, no sabotees tu cambio.

Está claro que el riesgo, dependerá de cuál sea nuestro objetivo. Tu objetivo puede ser el ser más sociable, relacionarte más y no lo haces por miedo al rechazo (el rechazo es una forma de fracaso social). Pero también puede ser emprender tu propia empresa lo que implicaría tener un plan organizado de viabilidad y un conocimiento especializado de la materia.

Piensa que no podrás llegar a otro lugar si no abandonas el sitio en el que estás.

Actúa como si fueras a triunfar. Eres un triunfador por intentarlo.

Si quieres cambiar, si quieres que algo cambie en tu vida, tendrás que empezar a hacer cosas diferentes.

Asume la responsabilidad de tu propio cambio.

Podrás conseguir lo que te propongas, siempre que no abandones por miedo a no conseguirlo.

Del riesgo y del miedo al fracaso, habla este poema que me apetece compartir con los lectores. Llegó por casualidad a mis oídos, y me resultó inspirador para todos aquellos que tengáis miedo al fracaso.

Riesgos

Reir es arriesgarte a parecer estúpido

Llorar es arriesgarte a parecer sentimental

Buscar a otros es arriesgarte a establecer un compromiso

Expresar tus sentimientos es arriesgarte a expresar tu verdadero ser

Expresar tus sueños e ideas ante una multitud, es arriesgarte a perderlos

Amar es arriesgarte a que ese amor no te sea correspondido

Vivir es arriesgarte a morir

Esperar es arriesgarte a desesperar.

Pero hay que correr riesgos

Porque lo más arriesgado de la vida es no arriesgar.

La persona que nada arriesga nada hace, nada tiene, nada es.

Puede que evite el sentimiento y el dolor

Pero no puede aprender, sentir, cambiar, crecer, amar, vivir.

A sus actitudes encadenados son esclavos

Han renunciado a la libertad.

Sólo la persona que arriesga es libre.

 

Recuerda que en la mayoría de los casos no tienes tanto que perder, pero tu mente te hace sentir todo aquello que pasaría si todo saliese mal.

Si sólo son pensamientos, ¿Por qué no nos atrevemos a dar credibilidad a todo lo que podría salir bien?

Decídete a ser LIBRE, no permitas que tu miedo TE ATE.

Vanesa Hernández «Psicóloga en Murcia»