Cómo tratar el acoso escolar o Bulling

Cómo tratar el acoso escolar o Bulling

Como ya expusimos en la sección de Acoso escolar o bulling, el bulling es el acoso acoso y/o intimidación de una o varias personas ( abusadores) a otra (la víctima), dentro del ámbito escolar. El acosador o acosadores repiten esta conducta de forma regular durante un tiempo y disfrutan sintiéndose superior al acosado y con el sufrimiento de la víctima. La exposición repetida de esta condición por parte de la víctima puede traer consigo consecuencias graves a nivel psicológico y físico.

Puede que esta situación te toque cerca, porque un familiar, hijo o persona de tu entorno lo pueda estar padeciendo.

¿Qué podemos hacer ante algo así? Te damos algunas recomendaciones, para poder afrontar una situación de acoso, de tu hijo o un alumno o persona cercana.

  1. Habla con él o con ella. Es muy importante que se haga desde el amor y que sienta sobretodo tu interés por saber realmente cómo se siente. No le muestres rabia ni enfado, aunque sea con la situación, ya que tiene que sentirse cómodo contándolo, si no es así, no te contará más.
  2. Es necesario hablar con las personas del entorno educativo para indagar información, y mantener una comunicación continua.
  3. También es muy positivo para afrontar el proceso, hablar con los padres de los niños acosadores. En muchos casos, no son conocedores de la situación, y por ello, no pueden intervenir en bloquear la situación.
  4. Ayuda a tu hijo o quien sea la víctima, a pensar en estrategias de afrontamiento y gestión de sus emociones. Normalizar sus emociones de miedo e incorporar en su vida amigos que le sirvan de apoyo social.
  5. Recurrir a ayuda profesional, favorece a trabajar su autoestima, para que se empodere y tenga una imagen positiva de sí mismo. En ocasiones también es necesario trabajar el manejo de la ansiedad y habilidades sociales.
  6. Buscar actividades fuera del entorno educativo, donde se relacione con personas totalmente diferentes y donde no se sienta con miedo y estigmatizado.
  7. No fomentar en ningún caso, conductas agresivas, amenazantes o vengativas.

 

Psicologos en Molina, Murcia.

Psicóloga Infantil.

 

 

Padres Conscientes, niñ@s felices. ¿Quieres que tu hijo sea feliz?

Padres Conscientes, niñ@s felices. ¿Quieres que tu hijo sea feliz?

Ante la pregunta ¿Quieres que tu hijo sea feliz?, habría una respuesta unánime de todos los padres del mundo. Sin embargo, en ocasiones no parece una tarea fácil, y la mayoría no tiene tan claro cómo conseguirlo. Actualmente se dispone de mucha información acerca de cómo educar a nuestros hijos, existen escuelas de padres que imparten talleres, los medios de comunicación nos bombardean con recomendaciones de qué es lo que no hay que hacer, pero cuando llega el momento de afrontar situaciones en el día a día con nuestros pequeños, nos entran las dudas y pocas veces estamos realmente seguros de si lo estamos haciendo bien para educar a personas felices. No es raro, escuchar en consulta, a padres que les angustia no saber qué hacer ante determinadas situaciones cotidianas. Que un hijo sea feliz, se convierte en el principal motor de la vida de los padres.

Por ello, os ofrecemos unas recomendaciones para que de modo consciente, y no llevados por la “locura” del día a día, podáis hacer de vuestros hijos unos niños felices, y poder así de este modo, sentiros más seguros silenciando vuestras dudas.

  1. Pasa tiempo con tu hijo. No se trata de cantidad sino de calidad. Pon tus cinco sentidos en lo que te cuenta, te expresa, interactúa con él, participa en su juego de modo activo. El niño siente si realmente te interesa lo que te cuenta y si tu atención está puesta en él o en otras cien cosas.
  2. Edúcales en la expresión de afecto. No dudes en tocar, abrazar, besar. La cercanía y el contacto físico tienen que formar parte del día a día. no por abrazar más vas a malcriar. El afecto siempre es la mejor recompensa.
  3. Acepta que tu hijo tiene emociones. Los niños son personitas que vienen con todo el abanico de emociones en su equipaje. Por ello, se sentirán tristes, rabiosos, frustrados, al igual que felices y satisfechos. No trates de evitar que expresen sus emociones, anímales a ello, sin juzgarles, y sólo acompáñales en este proceso.
  4. Anticípate a los peligros reales que puedan acechar a tus hijos, pero no confundas el peligro real con errores de aprendizaje o conflictos a los que se tienen que enfrentar como parte de su desarrollo.
  5. Educa en la curiosidad y motívales a descubrir y aprender pero no les digas lo que tienen que hacer. Una cosa es guiar y otra imponer o criticar.
  6. Pon límites al comportamiento de tus hijos. Los niños necesitan límites que les sirven de guía para saber qué es lo permitido y qué no. Explícales cómo hacer lo correcto, pero no les manipules ni les chantajees con premios o castigos.
  7. No proyectes tus necesidades en tus hijos, ni trates que ellos consigan lo que tú no pudiste. Tus hijos son personas individuales diferentes a tí, y pueden tener inquietudes y necesidades diferentes
  8. No te olvides de ti. Responsabilízate de ti, cuida tus necesidades, para no reprochar a tus hijos, que son los culpables de tus carencias.

 

 

 

Psicóloga infantil Molina de Segura, Murcia

 

 

Adicción a internet y redes sociales y nuevas tecnologías.

Adicción a internet y redes sociales y nuevas tecnologías.

La adicción a internet, redes sociales o nuevas tecnologías, es algo relativamente reciente, pero de lo que cada vez se oye más hablar. Es un problema que sufren muchas personas, y lo preocupante es que se trata de un tipo de adicción que cada vez comienza a darse a edades más tempranas, incluso en niños.

La entrada de internet a casi todos los hogares, supuso una mejor calidad de vida y un mayor y más rápido acceso a la información y al mundo en general. Gracias a internet, se hizo posible acceder a lugares y a noticias que hace unos años era impensable, además de dar la posibilidad de comunicación desde cualquier lugar del mundo.

Sin embargo, como todo, el mal uso o uso excesivo que se haga de ello, puede llegar a convertirse en un problema.

Desde el inicio de las redes sociales, como Facebook, Twiter, Instagran, se han llevado a cabo muchísimos estudios de cómo el uso de las redes sociales puede influir en el modo que las personas tenemos de relacionarnos y en nuestro comportamiento. Y efectivamente, han cambiado por completo en cómo hoy día se relacionan sobretodo los jóvenes. El ciberamigo, es aquel con el que sólo hemos tenido relación a través de internet, pero nunca le hemos conocido en la vida real. Puede suponer un choque para muchos adolescentes el pensar que tienen muchos amigos y en menos de un día, sentirse solos. Además, los estudios demuestran que las redes sociales afectan a la autoestima y el modo en que las personas se valoran. Un uso excesivo de redes sociales provoca un elevado estrés aumentando el sentimiento de soledad y disminuyendo la sensación de felicidad.

Consecuentemente, si la autoestima la basamos en las opiniones de los demás y en el numero de likes, la persona se sentirá no sólo esclava de estar alimentando una vida cibernética continuamente, sino que se sentirá tremendamente insegura.

Evidentemente, este uso excesivo, puede generar en los jóvenes una necesidad de estar continuamente conectados, pudiendo dar lugar a una adicción.

Puede ser una adicción al teléfono móvil, a internet, redes sociales, videojuegos, youtube….

O también a redes sociales, cuyo único objetivo es encontrar pareja. Estas son especialmente perjudiciales para la autoestima y su mal uso puede generar relaciones tóxicas y engañosas.

 

Equipo Clínica Vanesa Hernández

 

Psicólogos en Murcia y Molina de Segura

El miedo a la muerte en los niños.

El miedo a la muerte en los niños.

El miedo a la muerte en los niños es uno de los temas más complicados de tratar con nuestros hijos/as. El tema de la muerte, es un tema difícil incluso para muchos adultos, evidentemente no es un tema agradable, pero cuando uno de nuestros pequeño manifiesta su miedo al final de la vida, no podemos plantearnos el evitar el tema como una solución.

El tema de la muerte es algo que todas las personas nos lo planteamos y pensamos acerca de ello. Al igual que ocurre con los adultos, que según las circunstancias personales de cada uno, se trata el tema de una manera u otra, con los niños habrá que tener en cuenta diferentes factores a la hora de abordar el tema con ellos, tales como:

–    La edad del niño, ya que la idea de muerte en los niños varía en base a su edad.

Aproximadamente, hasta los seis años los niños no suelen temer a la muerte ya que lo ven como algo temporal y reversible. Por ello utilizan, en ocasiones, cuando están enfadados, la muerte como un castigo: “¡Cómo no me des el juguete te mato!”

A partir de los seis años y hasta los nueve aproximadamente, el concepto de muerte se desarrolla hacia una idea más definitiva, es decir, ya son consciente de que si te mueres ya no hay vuelta atrás, y de que es algo universal y que sucede a todos los seres vivos nos sucede alguna vez. A los 9 años aproximadamente, ya saben que sus seres queridos pueden morir, y por ello se desarrolla a veces una angustia ante ese hecho que puede manifestarse o no. Es muy habitual que el miedo a la muerte se exprese como miedo a la oscuridad, a la soledad, a las personas malas…

Si detectamos que esto ocurre, sería adecuado hablar con ellos de esos miedos, para que no se agraven.

A partir de los once años, ya definitivamente, tienen una idea clara de que la muerte es algo universal, irreversible e inevitable, y empiezan ademas a tomar consciencia que ellos también podrían morir. Por ello, en este momento, pero teniendo en cuenta la madurez del niño, sería conveniente trasmitirles la muerte como la etapa final de la vida

 

 

 

 

 

 

 

–    La madurez emocional de nuestro hijo/a, es otro factor a tener en cuenta a la hora de abordar el tema de la muerte. Dependiendo de cómo nuestro hijo sepa gestionar sus emociones, se lo trasmitiremos de una manera u otra.

–    El desencadenante de esta conversación. La conversación será diferente si el miedo del niño se manifiesta a raíz del fallecimiento de un familiar o conocido, que si simplemente pregunta por inquietud o como un miedo evolutivo propio de la edad

El punto desde el que sería recomendable enfocar la conversación de la muerte con nuestros hijos, sería partir de la idea de muerte como algo natural, como algo que forma parte de la vida, y que llega a una etapa final en la que se acaba.

En esta conversación, es muy importante usar un lenguaje muy claro para que el niño lo entienda, siempre adaptado a su edad y a lo que realmente te está preguntando. Tenemos que evitar las frases tranquilizadoras demasiados simples “hijo tranquilo, que eso no va a pasar”, y no restarle importancia a sus preocupaciones, ya que pueden aumentar sus no le aportamos respuestas tranquilizadoras.

Cuando se trata de niños/as de corta edad es más complicado tratar el tema de forma directa. Podemos utilizar los cuentos infantiles, ya que en la mayoría la muerte es un hecho recurrente

En los niños/as de una mayor edad avanzada lo que nos suelen trasmitir, es su necesidad de saber qué vamos a permanecer junto a ellos/as. Es fundamental para ellos, saber que no les vamos a abandonar y que siempre estarán cuidados y protegidos.

Como recomendaciones generales a la hora de abordar la conversación de la muerte con nuestros pequeños, te proponemos:

  1. Tenemos que trasmitirle mucha seguridad. Cuando se trate de que la persona fallecida es uno de los progenitores, además de la tristeza evidente en el niño, le angustiará si le pasa algo al otro progenitor . En este caso, habría que trasmitirle al niño, por un lado la normalidad de sentirse triste y expresarlo, así como que su seguridad, confort y rutinas no se van a ver alteradas, para provocarle un equilibrio emocional que en ese momento su miedo tambalea.
  2. Nunca se tiene mentir al niño.
  3. Hay que permitir al niño expresar su pena su pena. No podemos olvidar, que la tristeza en los niños hay veces que se manifiesta en forma de rabietas, desobediencia…habría que mantener la calma y dialogar con ellos   Es muy importante –tanto en el duelo como en cualquier otra circunstancia— que los niños aprendan que los sentimientos son algo normal y que lo deseable es expresarlos.
  4.  Responde siempre a las preguntas del niño sin cambiar de tema para evitar fomentar tabúes y que el niño sienta que te importan sus preocupaciones. Al responder a sus preguntas, no darle al niño más explicaciones de las que pida, para evitar crearle conflictos y hacerle pensar en cosas que ni siquiera se había planteado.
  5. La información tiene que llegarles sin dramatismo pero de forma clara, adaptado siempre a su edad.

Equipo Clínica Vanesa Hernández, Psicóloga en Molina

Psicólogos en Murcia

Mi hij@ se porta mal ¿Que puedo hacer?. Problemas de comportamiento infantil

Mi hij@ se porta mal ¿Que puedo hacer?. Problemas de comportamiento infantil

Si tu hijo se porta mal y no sabes qué hacer, te vamos a explicar las causas de los problemas de comportamiento infantil, y cómo poder gestionarlos.

Si tu hijo no te obedece, no eres el único. El motivo más frecuente por los que los padres acuden a consulta son los problemas de comportamiento de sus hijos, tales como desobediencia, oposicionismo, rabietas desproporcionadas…

Hay que tener en cuenta que algunos de los problemas de comportamiento en los niños son evolutivos, es decir, que si no se refuerzan desaparecerán con el tiempo. Por ejemplo, las rabietas en un niño de 5 años son propias de la edad. Son necesarias para su maduración y buen desarrollo emocional, ya que le servirán para aprender a tolerar la frustración y entender que las cosas son como son, no siempre, como a él le gustaría. En este caso, como padres, tendríamos que centrarnos en nuestra reacción a las rabietas, hacerlo con tranquilidad e ignorar las peticiones del niño, sin que nos importe que si estamos en público alguien pueda pensar que somos malos padres.

Los problemas de comportamiento en los niños, en ocasiones, persisten en el tiempo y aumentan tanto en frecuencia como en intensidad. En este caso el problema además de darse en casa, se extiende al cole y demás entornos donde el niño se relaciona.

Otro aspecto a tener en cuenta, es que en ocasiones, por motivos laborales, los papas no pueden pasar todo el tiempo que les gustaría con sus hijos, y esto puede afectar también al comportamiento de los niños. Si esos niños pasan la tarde con sus abuelos, lo habitual es que éstos sean muy permisivos, lo que provoca que los niños posteriormente no acepten normas y límites de los padres. Esto puede sumarse al hecho de que, cuando los papas llegan a casa, van con el tiempo justo para preparar cenas, baños, deberes… y unido al cansancio de todos y las tardías horas que se hacen, también los padres ceden en ocasiones para no estar riñendo todos los días, incluso en ocasiones, los papas tratan de aliviar su sentimiento de culpa por no estar más con los niños, concediéndoles todo lo que el niño pide. Y esto puede ser un problema.

Una cuestión importante con respecto al comportamiento de nuestros hijos, es que nosotros como padres, no nos exijamos el mantener unas pautas fijas y límites claros, y nos dejemos llevar por nuestro estado de ánimo, humor o cansancio de ese día. No es saludable que ante un mismo mal comportamiento de mi hijo un día le ponga un castigo muy estricto y otro lo deje pasar porque estoy muy cansado y no tengo ganas de enfrentamientos.

Por otro lado, hay que poner atención en reforzar los comportamientos positivos de los niños, ya que cuando el niño se porta mal si que le reñimos que eso no lo haga mal, por ejemplo, si el niño está gritando montando jaleo, se le dice “niño, no grites más”. Sin embargo, si el niño está tranquilamente en su habitación leyendo o jugando, simplemente no se le dice nada. Acercarnos a él en ese momento e interesarnos por lo que hace o mostrarle afecto, sería ideal para afianzar su buen comportamiento.

Los problemas de comportamiento pueden ir aumentando y acumulándose si no se pone solución, afectando a la buena dinámica familiar y a las relaciones entre padres e hijos.

Para afrontar los problemas de comportamiento con nuestros hijos es importante aprender estrategias adecuadas para la crianza y la buena relación con ellos.

Te proponemos algunas recomendaciones:

  1. Haz una lista de los comportamientos que te gustaría que tu hijo cambiara y ordénalos en base a tu prioridad. Ten en cuenta que no puede cambiarse todo de golpe, empieza con uno y cuando lo consigamos sumamos otro. Además, no olvides el grado de dificultad para el niño. Se trata de un proceso de aprendizaje, y como tal, puede no salir a la primera.
  2. Como ya hemos señalado anteriormente, pon el foco en los comportamientos positivos del niño. Seguro que tu  hijo hace muchas cosas bien, que no pasen desapercibidas, díselo.
  3. Los elogios tienen que ser de verdad, no pueden sonar a teatro, si no lo sientes, busca otra conducta que elogiar.
  4. No etiquetes al niño. Si le dices que es malo, el niño creará esa imagen de sí mismo y creerá que lo es, con lo que se comportará fiel a esa imagen y será un “malote”.
  5. Anticípate a los comportamientos inadecuados. Comunícale cuál es el comportamiento adecuado y la consecuencia de no hacerlo.
  6. Las normas han de establecerse por adelantado, para que el niño sepa qué tiene que hacer y a que se atiene, al igual que las consecuencias, positivas y negativas.

 

Equipo de Clínica Vanesa Hernández

Psicólogos en Murcia. Psicología Infantil

 

 

¡Mi hijo no come! ¿Qué puedo hacer?

No es raro escuchar a una mamá  frases del tipo: “mi niño no me come”, “este niño no come nada”, “mi hija se alimenta del aire, porque comer no me come”, “la hora de sentarnos a la mesa es un drama todos los días, no le gusta nada”, “ya no me funcionan los castigos…”, “lo curioso es que en casa ajena come de todo”

Son muchos los padres preocupados por la falta de apetito de sus hijos. Para muchos se convierte en una preocupación diaria, pues el hecho de que un hijo no coma o no coma lo que uno espera o cree que es lo adecuado, se convierte en el problema a solucionar a diario. Los padres prueban con todo tipo de juegos, hacer la comida más atractiva para el niño, prometer recompensas, pero nada de esto les funciona en ocasiones. Entonces entran en un bucle en el que los momentos en que toca comer se cargan de tensión y mal humor.

Para poder abordar este tema de un modo eficiente, tenemos que tener en cuenta algunas cosas antes de considerar que nuestro hijo realmente tiene un problema de la alimentación:

No todos los niños necesitan comer la misma cantidad ni es necesario que a determinadas edades nos empeñemos en que los niños COMAN DE TODO.

Si el niño se le ve con energía, su rendimiento es adecuado y está en un percentil dentro de la media, no hay de qué preocuparse.

Hay niños que se ponen malitos con frecuencia, y la enfermedad agudiza la inapetencia en ellos, sobre todo cuando es una enfermedad aguda. En este caso hablaríamos de inapetencia reciente, y remite de forma progresiva y espontánea una vez que la enfermedad ha desaparecido.

En este caso, habría que tener especial cuidado en no utilizar la alimentación como refuerzo o castigo, o como medio de atención hacia el niño, ya que pasada la enfermedad estos patrones de aprendizaje podrían establecerse com algo habitual.

Otra aspecto a tener en cuenta, sería los casos en los que los niños comen de forma selectiva, sólo lo que les gusta ( chuches, alimentos con azúcar, zumos, bebidas de yogurt…) y se niegan a probar otros alimentos como verduras, o guisados. En este caso, no es que el niño no coma, el niño come. Pero los padres en la desesperación de que coma terminan dándole lo que pide. El problema aquí sería de comportamiento y de no haber sabido poner unas normas claras y definidas con respecto a la alimentación y cumplirlas.

La verdadera inapetencia se da cuando un niño realmente está desganado y sin energía, apenas come y su peso y altura está por debajo de la media. En este caso sería recomendable consultar con su pediatra en primer lugar y/o con un profesional más especializado después.

Siempre que el niño no padezca una enfermedad aguda, podemos seguir estas recomendaciones para acabar con la angustia diaria y las batallas en la mesa.

  1. No resultará útil obligar a un niño a comer. De hecho nunca hay que obligar a los niños a comer.
  2. Empatiza con el niño. Ponte en el lugar de tu hijo, le estás obligando a comer cuando no tiene hambre o cuando está saciado y no le entra ya nada más. No fijes una cantidad de antemano. Se comprensivo
  3. Como hemos mencionado anteriormente, cada niño tiene unas necesidades nutritivas diferentes, por ello ajusta las cantidades de alimento a las necesidades de tu hijo. No te empeñes en que coma lo mismo que sus hermanos o lo que tú crees que debería comer para su edad.
  4. ¿Y que pasa con las verduras? Las verduras llevan mucha fibra, y por tanto les produce sensación de saciedad muy pronto. Con unas pocas cucharadas es suficiente. Con la fruta sucede algo parecido, dale la fruta a trocitos, les puede resultar divertido comérsela ellos solos.
  5. Chuches y dulces. En ocasiones es más cómodo para los papás y los niños recurrir a un bollo, o galletas, o chuches, ya que es un recurso rápido y apetecible. Pero, independientemente de que el niño coma mucho o poco, el azúcar habría que reducirlo siempre. Cuanto menos dulces y chuches mejor.
  6. No es necesario que coman de todo. Si quieres que tu hijo odie un alimento oblígale a comerlo. Siempre funciona mejor sugerirles pero sin insistir, llegará un momento en lo probarán ellos solos.
  7. En ocasiones los celos a los hermanos, su necesidad de llamar la atención con comportamientos regresivos, provoca que los niños dejen de comer, incluso cuando anteriormente no presentaban ningún tipo de dificultad con la alimentación. No dar importancia, remitirá una vez pase el verdadero problema.
  8. La mayoría de niños prefieren comer ellos sólos. Los padres suelen negarse porque tardan mucho más en comer y pueden provocar un desastre un la mesa poniendo todo perdido. Déjale comer sólo
  9. No utilizar la comida para chantajear emocionalmente a un niño. El niño tiene que aprender a comer porque su estómago se lo pida, y no porque sus emociones se lo dicten. No es mejor niño ni se le quiere más porque coma.
  10. La comida no puede ser el sacrificio por el que tienen que pasar para conseguir el premio.Comer tiene que ser también el premio.

Para finalizar os recomendamos el libro “Mi niño no me come” de Carlos González, donde encontrareis esto y mucho más.

 

 

Cómo poner fin a las batallas con tu hijo por la comida

 

1.“¡Si no fuera porque estoy encima, mi hijo no comería nada!”

“¡No hay manera de que mi hija pruebe alimentos nuevos!”

“¡Ya no recuerdo qué es comer sin gritos ni discusiones!”

 

Muchos padres y madres libran batallas a diario con sus hijos relacionadas con su alimentación que con frecuencia llegan a convertirse en verdaderas fuentes de estrés tanto para mayores como para pequeños.

 

Niños que comen poco, comen mal, solo comen lo que les gusta, montan un circo en la mesa,… Cualquiera de estas circunstancias puede tener su origen en la primera infancia, cuando los niños rechazan introducir en su dieta alimentos con nuevos sabores y texturas. También pueden desencadenarse tras un episodio de enfermedad durante el cual el niño pierde el apetito y los padres preocupados, le exigen que coma. En otras ocasiones, simplemente el niño es más lento que sus hermanos comiendo y esto hace que los padres le presten excesiva atención y se impacienten.

 

Independientemente de la causa que las origina, estas dificultades pueden quedarse en anécdotas puntuales o persistir e incluso agravarse con la edad.

 

Cuántas madres motivadas por la angustia que les supone pensar que sus hijos no se están alimentando correctamente, intentan todo tipo de artimañas para conseguir que coman: juegos para distraerlos, darles la comida a la fuerza, premios, chantajes, dejarles ver la televisión, jugar con el móvil o la tablet,… En un intento de buscar soluciones, han pedido consejos a familiares y amigos, escuchando con frecuencia “Tranquilízate, ¡tu hijo no se va a morir de hambre!“. Sin embargo, para ellas suele resultar frustrante tener la sensación de que sus pequeños comen cantidades insuficientes y pensar que su desarrollo puede verse alterado. Incluso después de que el pediatra haya descartado problemas de salud asociados a la inapetencia, aún persiste la duda “¿Por qué mi hijo no come todo lo que yo quiero que coma?

 

habitos-alimenticios20111122Los niños suelen poner a prueba la paciencia de sus padres a través de sus negativas a comer determinados alimentos, ingiriendo solo una pequeña porción de comida, levantándose de la mesa, discutiendo, tirando el plato, escupiendo… Estas conductas manipulativas que desesperan a los padres les hace ser conscientes de la influencia que tienen sobre ellos, lo que da lugar a luchas de poder constantes. Enzarzándose en discusiones, tienen grabado en sus mentes “¡Mis padres no pueden conmigo, puedo controlarlos con mi comportamiento!”

 

Cuando este escenario de disputa se repite a lo largo del tiempo, se acaban consolidando dinámicas familiares inadecuadas que hacen que las comidas se conviertan en un suplicio. Además, los menores pueden llegar a desarrollar actitudes negativas hacia la comida (quejarse de dolores de barriga, vomitar y desarrollar manías alimenticias) a la vez que se les altera el ciclo natural de hambre y saciedad.

 

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¿Cómo dar un giro a esta situación?

 

 

 

Ellyn Satter (www.ellynsatterinstitute.org) plantea tener presente una interesante premisa que se guía por dos normas básicas:

 

  1. Los padres son responsables de QUÉ, DÓNDE y CUÁNDO comen sus hijos.

  2. Los niños son responsables de CUÁNTO comen.

 

Esto se traduce en que los padres son los encargados de seleccionar, comprar, preparar y ofrecer las comidas a los pequeños, teniendo en cuenta que no es recomendable sustituir alimentos ricos nutricionalmente (verduras, frutas,…) por otros más pobres pero sabrosos que les gustan y con alta probabilidad se comerán (pizza, patatas fritas,…). Lo ideal es que toda la familia coma el mismo menú, salvo prescripción médica, y que los alimentos sean variados para que los pequeños tengan la oportunidad de ir probando sabores y texturas diferentes.

 

Como también es tarea de los padres elegir el lugar dónde se come, lo más adecuado es hacer uso de una mesa en un sitio tranquilo y sin distracciones. Es importante evitar la televisión, el móvil, la tablet u otros aparatos electrónicos y favorecer las conversaciones en familia sobre temas que no generen conflicto.

 

Con respecto al horario de las comidas, lo ideal es establecer una rutina de cinco comidas al día (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena) que se cumpla estrictamente de modo que el niño no coma en cualquier momento que a él le apetezca. Dejaremos bien claro a los pequeños que si por ejemplo, no quieren comer a medio día, no se les permitirá probar nada hasta la hora de la merienda.

 

Ahora bien, los encargados de decidir si comer o no y la cantidad a ingerir son los propios niños. Tal vez esta sea la premisa más difícil de asumir para los padres. El miedo a que si dejamos elegir al niño no comerá lo suficiente, puede evitarnos la oportunidad de observar cómo se reconducen drásticamente sus problemas alimentarios. Al recaer en el niño la decisión acerca de cuánto comer, favorecemos la restitución de la capacidad natural de su organismo para establecer la cantidad de comida que necesita, en función de sus sensaciones de apetito y saciedad. Por lo tanto, los padres pueden contribuir enormemente a este fin dejando de insistir para que los niños coman lo que ellos consideran adecuado y no proporcionando comida a deshoras para compensar.

 

imagesEn resumen, para conseguir que toda la familia acabe disfrutando de las comidas es crucial un cambio de actitud. Teniendo en mente la idea de que los adultos son los que deciden qué se come y los niños cuánto, normalizaremos las pautas de alimentación. Además, haciendo un esfuerzo por reducir la atención excesiva sobre la conducta alimentaria del niño, evitando lanzar mensajes del estilo tipo “este niño come fatal“, “sólo come lo que le gusta“, “la hora de la comida es un suplicio con él” para prevenir que integre la etiqueta de mal comedor en su autoconcepto y controlando nuestros propios miedos lograremos que las comidas sean momentos de reunión familiar agradables. ¡Con paciencia y consistencia es posible!

 

 

Clínica Vanesa Hernández

Psicología Infantil