Decálogo para afrontar una ruptura de pareja

Decálogo para afrontar una ruptura de pareja

Cuando nos separamos de alguien que ha sido importante para nosotros, independientemente del amor que quede, de los motivos de la ruptura, de quién haya decidido poner fin a la relación, y de muchas variables más, siempre es un momento complicado, no fácil de afrontar. Tanto cuando nos toca vivirlo en primera persona, como cuando es un ser querido quien lo está pasando, necesitamos conocer, la mejor manera de afrontar estos duros momentos, para que la recuperación sea saludable y no nos genere otras consecuencias a largo plazo.

Por ello, de modo muy resumido, y sencillo, te dejo por aquí, 10 recomendaciones que te pueden ayudar a saber, cómo gestionar una separación.

1. Date tiempo.

La famosa frase de «el tiempo lo cura todo», no es del todo cierta, pero lo que si que es verdad, es que necesitamos tiempo, para poder poner en marcha acciones que nos permitan sentirnos mejor. Así que, en este caso, el tiempo, no es suficiente, pero sí es necesario, para recuperarte de una separación. El proceso de mejoría se va a ir produciendo poco a poco, no estarás bien de un día para otro. Además, la recuperación tienen altibajos, no es un proceso de mejoría que va siempre en ascenso. Darás tres pasos hacia adelante y una hacia atrás. Por ello, no desesperes, ya que la intensidad del dolor irá disminuyendo, empezarás a tener más momentos buenos cada vez, y la sensación de falta de control irá disminuyendo para dar paso a un aumento de tu confianza. Por otro lado, es muy importante que tengas en cuenta que cada persona tienen su ritmo, y que evidentemente, no todas las rupturas son iguales. Así que respeta tu ritmo y no te culpes por no estar mejor.

2 . Muy importante. Establece límites de contacto o contacto cero.

Si es posible, al principio, es recomendable establecer cero contacto con tu expareja. Esto te facilitará el proceso de recuperación. Aunque tu inercia te lleve a querer hablar una vez más, a necesitar decirle otra vez lo que sientes, a volver a pedir una última explicación, oblígate a no llamarle. Por otro lado, a la inversa, tendría que suceder lo mismo. Sé fuerte y no contestes a sus llamadas. Si previamente le has pedido que respete ese límite, no te sientas culpable por ello. Si es imposible el contacto cero, porque haya niños, u otras circunstancias que lo impidan, reducir el contacto a lo estrictamente necesario, y hablar sólo de los temas que realmente haya que tratar. El contacto con la expareja, sólo remueve emociones y enlentece la mejoría.

3 . Permítete sentirte como te sientes.

Cuando experimentas la pérdida, la consecuencia directa es sentir una avalancha de emociones. Aunque querrías sentirte de otra manera y controlar tus emociones, te resulta muy complicado. Por ello, en estos momentos, te tienes que permitir sentirte así, simplemente como te sientas. Si te apetece llorar, llora, si sientes ira, enfádate, si sólo nace pena en ti, déjala salir. Si tratas de bloquear estas emociones, sólo alargarás el proceso de recuperación. Ahora bien, permitir que tus emociones estén ahí sin sentirte culpable por ello, no significa que te recrees en ellas. Siéntelas y dales salida, pero no las refuerces pensando de modo circular en lo que te pone triste, ni refuerces la rabia. Esto tampoco te ayudará.

4 . Rodéate de personas queridas. Busca su apoyo.

Hablar con personas de confianza te ayudará a sentir cierto alivio. Notar la comprensión de los tuyos, hará que sientas una mayor seguridad. Por otro lado, cuando nos escuchamos al expresar en voz alta lo que sentimos, también nos ayuda a nosotros mismos a percibir la situación desde fuera y nos proporciona una mayor claridad mental. Para gestionar bien tus emociones, es necesario que las puedas enfriar un poco, y la ayuda de amigos y familiares será fundamental. Si sientes que no puedes contar con nadie en ese momento, siempre puedes acudir a un profesional, que te ayudará, sin duda, a superar estos difíciles momentos.

5. Cuídate.

Cuidarse en estos momentos, será vital para poder afrontar la ruptura. Ponte la primera de la lista en tus prioridades. Cuídate por dentro y por fuera. Pon atención a una buena alimentación, haz ejercicio físico, si no te gusta el deporte, sal a dar largos paseos, y sobre todo, descansa y pasa tiempo contigo mismo. En estos momentos, mímate. El cuidado y amabilidad que usarías para un ser querido, dedícatela a ti mismo. La compasión hacia ti, en estos momentos del proceso, es otra llave a la mejoría.

6. Desde la calma, permítete pensar sobre la relación.

Eso de que «las prisas no son buenas», en este proceso cobra realidad. Necesitas tiempo para pensar en la relación que has vivido, qué aprendizaje puedes hacer de lo que ocurrió, lo que te ha a portado la experiencia de pareja, y lo que te has permitido perder. Viene muy bien hacer un ejercicio de agradecimiento y perdón, es decir, pensar acerca de todo aquello que te tienes que agradecer con respecto a la relación y todo aquello de lo que te tienes que perdonar. Pon el foco en ti. Tu lectura acerca de la relación será totalmente distinta, si la enfocas desde el punto de vista del amor, es decir, piensas en lo que puedes recoger del tiempo invertido, o desde el miedo, que sólo te llevará a tener la sensación de haber perdido el tiempo. Si la relación no ha funcionado, el análisis para futuras relaciones te ayudará a identificar tus necesidades reales y qué esperas de lo que ocurra en un futuro. Tómate esta experiencia para crecer, para liberarte de lastres y abrir la puerta a nuevas experiencias. No permitas que el miedo te paralice.

7. Mantén la motivación alta. Márcate objetivos.

Siguiendo la línea de lo anterior, céntrate en marcarte objetivos personales en tu nueva vida, enfócate en esa persona que te gustaría ser, en la vida que te gustaría tener. Es una oportunidad para centrarte en tu desarrollo personal, profesional, social…Fija metas a corto plazo, medio y largo plazo. Con metas, no hablamos de grandes cosas, simplemente incorporar a tu vida hábitos que te hagan sentir bien, comenzar a practicar actividades que te aportarán conocimiento, o disfrute, o relaciones. Aunque al principio cuesta un esfuerzo muy grande, continúa haciéndolo. Te sorprenderá lo rápido que tu mente se adapta al cambio.

8. Agradece cada día.

Mira la vida desde el agradecimiento. Si nos centramos en lo que no tenemos, en lo que nos falta, en la comparación con el otro, sólo conseguiremos un enfoque de escasez en nuestra vida, y nuestras emociones se tornarán en tristeza, frustración y rabia. Si por el contrario, te enfocas en una visión de partir de todo lo que tienes, y en las posibilidades de mejorar, la perspectiva cambia. No se trata de mirar un mundo de color rosa. Se trata de ser realista y poner en una balanza lo que tenemos. Pensar en lo que ha ocurrido como una oportunidad, no como en un fracaso. Agradece cada día, como antídoto a las emociones negativas

9. Atrévete a experimentar cosas nuevas.

Aunque en estos duros momentos no te apetezca hacer nada, el aprender habilidades nuevas mejorará tu autoestima. No te dejes llevar por la creencia que la motivación va antes de la acción. «Cuando me apetezca lo haré». Es un gran error. Si queremos crear motivación, tenemos que tener acción. Aunque no me apetezca ir a jugar al padel, por ejemplo, iré a jugar, porque esto provocará que me apetezca.

10. Si lo necesitas, busca ayuda profesional.

Llegados a este punto, si crees que solo/a te resulta muy difícil gestionar tus emociones, y no puedes afrontar tu día a día con efectividad, busca ayuda profesional. Es una opción que está ahí para ayudarte, para guiarte por el camino de la recuperación sana.

Consejos básicos para sentirse bien.

Consejos básicos para sentirse bien.

Céntrate en el aquí y ahora, intenta vivir en el momento que te está tocando vivir. El ahora, es el único tiempo que existe. Ocúpate de las cosas. Preocuparte por ellas, sólo provoca una peor gestión de las mismas. . No gastes energía en recrear momentos que ya no volverán y ante los que no puedes hacer nada, ni en anticipar un futuro incierto. Acepta la realidad, tal como es y centra tu atención en vivir el momento presente.

    Practica no quejarte. El cambiar determinadas palabras o expresiones en la forma en la que te hablas a ti mismo, puede cambiar el como te sientes. Elimina el no, y las frases negativas, y conviértelas en afirmaciones. No es lo mismo decir «no puedo nadar porque me da miedo el agua» que «me gustaría aprender a nadar para disfrutar de estar en el agua».

    Exprésate positivamente. Para no acumular ira, resentimiento, tristeza, frustración, aprende a expresar lo que piensas y sientes asertivamente. No te lo guardes para ti, corres el riesgo de expresarlo explotando de modo agresivo. Hazlo con un lenguaje claro y objetivo, procurando que el volumen y la fuerza de tus gestos sea suave. Si tú elevas el tono…incitarás a que el otro lo eleve también.

    Actúa desde el amor. Aprende a perdonar. Llénate del amor hacia tus seres queridos para que puedas comprender la limitación de las personas que te hicieron daño, así podrás perdonarlas con más facilidad. La mayoría de las veces, las personas lo hacen lo mejor que saben y no tienen intención de dañarte. No permitas que las emociones negativas que te sobrepasen.

    Practica la aceptación. Acepta a las otras personas tal y como son. No quieras cambiar el comportamiento y la actitud de los demás. Primero, acéptate a ti mismo con tus virtudes y carencias. Te ayudará el poner tu atención en las afinidades y semejanzas que tienes con los demás, lo que te facilitará su aceptación.

    Intenta ver el lado bueno de las cosas. Toda situación tiene una visión positiva. Aunque tú o alguien querido se encuentre en una situación complicada, busca otro punto de vista y resalta el aspecto positivo y realista, para que te sea más sencillo resolverla.

    Detecta tus pensamientos negativos. Bloquéalos y déjalos ir. No les dediques tiempo. Cuanto más los pienses, más aumentará tu sensación negativa. Deja salir los pensamientos que te causan dolor, ira y temor y cultiva los que te generan paz interior y te motivan a practicar el perdón y la reconciliación.

    Mantén una vida activa. Ten una rutina de ejercicios. Pasear al aire libre unos 30 a 40 minutos y a un buen ritmo te ayudará a liberar tensión y estrés y ganar vitalidad. La regularidad en la actividad es lo que te ayudará. Crea un rutina e intenta realizarla cada día que puedas.

    Busca actividades para sentirte bien. Disfruta de las cosas que te gusta hacer. Realiza actividades divertidas. Haz una lista de todas aquellas actividades que siempre quisiste hacer y que te parezcan relajantes y divertidas. Incluye algunas en tu agenda como parte de las tareas pendientes que hacer. Dedicar tiempo a ti es muy importante para sentirte bien.

    Relativiza. No te tomes la vida demasiado en serio. Lo que hoy te preocupa mucho, quizás, en dos días, ni te acuerdes. Resta importancia a las cosas que no la tienen. Aprende a diferenciar entre lo que realmente es importante y lo que no lo es. Cuanto más sereno y tranquilo estás, mayor probabilidad tienes de gestionar de modo efectivo cualquier situación que venga.

    Parejas Felices. Terapia de pareja

    Parejas Felices. Terapia de pareja

    Para que una pareja sea feliz a lo largo del tiempo, es necesario sumar diferentes ingredientes al amor. Al principio, cuando una pareja comienza, parece que el amor es suficiente para respirar felicidad. Sin embargo, cuando ésta permanece a lo largo del tiempo y supera la etapa de enamoramiento, necesita generar hábitos saludables para continuar en ese estado de felicidad. Esos hábitos, son el escudo ante las dificultades del día a día, y la falta de esa bioquímica que sentíamos en la primera etapa del amor. Voy a pasar a describir, 15 hábitos o gestos , como quieras llamarlos, que tienen en común las parejas felices, donde abunda la complicidad, la confianza, la lealtad, el compromiso y la conexión.

    Hábito I de parejas felices: Decir te quiero

    Las demostraciones de afecto a diario, son un hábito existente en todas las parejas felices. Decir «Te quiero», besarse en la boca, dar un abrazo, un achuchón, generan cercanía y felicidad. Es algo de lo más simple que, cuando se tiene por costumbre, no se le da importancia, pero que cuando falta, se hecha mucho de menos. Así que, si en tu caso, no tenéis este hábito, comienza dando un beso para saludar y despedirte de tu pareja, y de ese modo, habrás dado el primer paso a la felicidad.

    Hábito II de parejas felices: salir solos.

    Las parejas felices siguen manteniendo costumbres del principio de la relación. Siguen teniendo citas, es decir, siguen saliendo solos en pareja,  para disfrutar de un día especial o una agradable cena, de una noche de salir a bailar, de ir al cine. Además, se lo toman como una cita en toda regla, se ponen guapos para el otro, y se organiza el plan como un momento especial en la semana. Siguen manteniendo conversaciones de lo que les motiva, de planes de pareja, de inquietudes. en definitiva, siguen cortejando al otro.

    Hábito III de parejas felices: se saltan la rutina

    De todos es sabido que, la rutina acaba con la motivación. Si no hay factor sorpresa, la ilusión termina por decaer. Está claro que en el día a día hay una rutina implícita, que en la mayoría de ocasiones, es muy difícil de alterar. Pero no estamos hablando de cambiar la rutina con grandes planes o sorpresas. Simplemente, con improvisar algo diferente para cenar, una llamada de teléfono que el otro no espera, un gesto de interés por el otro, una copa de vino, un paseo…,pueden ser suficientes.

    Hábito IV de parejas felices: mantener la intimidad

    La pasión del principio, las mariposas en el estómago, el querer estar cada minuto con la persona amada, no dejar de pensar en ella, besarse continuamente y hacer el amor, no duran siempre. Pero las parejas felices se esfuerzan por mantener su intimidad. Generan situaciones que dan pie a sentir deseo por el otro. Aunque los fuegos artificiales del principio desaparecen, el amor, el sexo y la pasión pueden permanecer.

    Hábito V de parejas felices: olvidan el teléfono cuando están juntos

    Se ha convertido en habitual estar con alguien, en esto incluyo a la pareja, y estar mirando el teléfono móvil. Es muy desagradable sentir que la persona con la que estás le presta más atención a redes sociales, email, o cualquier página de noticias que a ti, cuando se supone que es un rato para compartir algo juntos. Las parejas felices, desconectan cuando se dedican tiempo. La desconexión digital es un hábito muy saludable para la pareja. Practícalo.

    Hábito VI de parejas felices: mantienen intereses comunes

    En una pareja feliz, es muy importante, a parte de compartir filosofía de vida, tener aficiones en común. Es mucho más fácil, cuando a los dos gusta lo mismo. No significa que haya que compartirlo tod, pero si algo.TEs mejor ir al cine con alguien que le gustan el mismo tipo de peliculas, o si a los dos les gusta practicar tenis, por ejemplo.

    Hábito VII de parejas felices: disfrutan de estar juntos

    Una pareja feliz es aquella que se lo pasan bien juntos, disfrutan la compañía del otro. Además de pareja son amigos. Que te guste hablar con tu pareja, estar con ella en cualquier lugar y momento, que nunca te sobre, es síntoma de amor. Y cuando después de un mal día, lo que más te apetece es ver a tu pareja, estáis compartiendo algo realmente bueno.

    Hábito VIII de parejas felices: piel con piel

    Las parejas felices se tocan mucho el uno al otro. Con esto no nos estamos refiriendo sólo a relaciones sexuales. Nos referimos a pequeños gestos del día a día, que generan cercanía y complicidad en la pareja, como darse la mano, o un beso, o sentarse uno al lado del otro, darse pequeños masajes…

    Hábito IX de las parejas felices: se van a dormir a la misma hora

    Como casi todo cuando una relación comienza, irse juntos a la cama es algo apetecible. Uno está deseando que llegue ese momento, en el que te pones en posición de cucharita y abrazas al otro. Necesitas sentirle a tu lado para poder dormirte tranquilo. Sin embargo, con el paso del tiempo, la costumbre puede ir perdiéndose, y con ella la intimidad y cercanía que genera. Las parejas felices, intentan, cada vez que pueden, irse juntos a la cama.

    Hábito X de parejas felices: no se critican

    Las parejas felices se respetan y aceptan al otro tal cual es. Está claro que nadie es perfecto y que no es saludable idealizar al otro, pero en las parejas felices se intenta destacar las habilidades de la otra persona, se potencia lo positivo, se anima a mejorar, lejos de criticarse, hacerse reproches o violentar delante de otras personas. Si algo no gusta se habla, pero no se usa para fastidiar al otro.

    Hábito XI de parejas felices: mantienen su independencia.

    En las parejas felices, se tienen muy presente lo importante que es conservar una parcela de intimidad, en donde uno puede seguir disfrutando de tiempo sólo, para practicar sus aficiones, ver amigos, familia, o hacer lo que le apetezca. Tener pareja no implica dejar atrás todo lo que había en tu vida. Si queremos que la pareja funcione, es muy importante sentirnos plenos en esa independencia, para poder disfrutar al máximo del tiempo juntos

    Hábito XII de parejas felices: la comunicación es un pilar

    Hablar no es lo mismo que comunicar, y eso, lo saben muy bien las personas que forman parte de una pareja feliz. En las parejas felices existe una comunicación frecuente, donde hay una escucha activa y no se juega al adivino, es decir, no se da por hecho que el otro debería de saber las cosas, cuando se tiene una necesidad, simplemente se dice. La comunicación es asertiva. Además, las parejas felices, buscan un momento en el día donde poder contarse cómo les ha ido , cómo se sienten y a la vez, se interesan por el otro.

    Hábito XIII de parejas felices: confianza absolutamente en el otro

    En las parejas felices existe una confianza plena en el otro. No entienden los celos, las mentiras, o la falta de honestidad en la relación. La confianza, permite vivir la relación y el amor desde la tranquilidad, no dejando paso al miedo y las inseguridades.

    Hábito XIV de parejas felices: se admiran

    La admiración por el otro, es algo necesario para que se produzca el enamoramiento. El otro, tiene que tener algo, que despierte admiración, para que la chispa continúe. En las parejas felices se esta orgulloso del otro, por su personalidad, por sus logros. Es una bendición, poder compartir la todo lo bueno que le pase a la pareja, crecer juntos.

    Hábito XV de parejas felices: forman un equipo, se complementan.

    Las parejas que funcionan, lo hacen de forma muy parecida a un equipo. Cada uno aporta a la relación lo que se le da mejor, lo que complementa al otro, sin pretender que su pareja haga lo mismo. Por ello funciona, porque cada uno contribuye a la pareja de un modo distinto, y entre los dos suman. Se conocen bien y saben de sus diferencias, pero las respetan.

    ¿Cómo saber si una relación es Tóxica?

    ¿Cómo saber si una relación es Tóxica?

    Ante la pregunta de cómo saber si nos encontramos en una relación tóxica o no, vamos a partir de relaciones donde un miembro de la pareja o los dos, no se sienten bien dentro de dicha relación. Las características de una relación tóxica son variadas, pero siempre se da en ellas la actitud de control y la falta de respeto al otro. Estas actitudes pueden darse de una de las partes al otro, generándose una relación de miedo y dependencia emocional hacia la pareja,  o mutuamente entre ambos. Por ello, la falta de autoestima o inseguridad en uno mismo, está directamente relacionada con el desequilibrio en las relaciones

    Podremos saber si una relación es tóxica o no, si se dan las siguientes características:

    • Se puede confundir la idea de amor, con otra cosa, llamémosle dependencia, amor incondicional, servicial…. En esta idea equivocada del amor, una o ambas partes de la pareja, en honor a «ESE AMOR», comienza a dedicar su vida y su persona a la relación de pareja, abandonando relaciones sociales, familiares, aficiones, con el objetivo de que todo su tiempo disponible sea para el otro. Esto que, comienza siendo un acto de amor, termina siendo un arma de doble filo, porque si se da sólo por parte de uno de los miembros de la pareja, puede hacer sentir agobiado al otro, y él/ella mismo, puede dejar de resultar interesante y atractiv@ para el otro. Se puede entrar en un bucle, en el que cuanto más rechazado se siente la parte dependiente, más se intensifique su miedo y celos y más tóxica sea la relación.
    • El término de posesión, es otro incluido en la definición de relación tóxica. A priori, los conceptos de «Amor» y «Posesión» son antagónicos. Ya que el amor hacia alguien, es sinónimo de respeto y libertad. Por tanto, nos tendríamos que cuestionar, si cuando sentimos la necesidad de controlar al otro, hay más presencia de amor o de miedo. Por eso, cuanto más miedo hay en la pareja, más necesidad de control sentimos y es cuando aparecen los celos, la necesidad de saber todo del otro, qué hace, dónde está con quién se relaciona.
    • Otro de los aspectos que te pueden ayudar a identificar si una relación es tóxica, es cuando uno de los miembros de la pareja, en lugar de aceptar al otro, de modo sutil, intenta cambiarle en modos de vestir, actuar, gustos, intereses…, pero siempre bajo el mensaje que es por el bien del otro.
    • Además, la comunicación no es efectiva, no hay una vía de comunicación basada en la confianza y el apoyo, por ello se siente que no se puede hablar con la otra persona.

    Cuando hablamos de relaciones tóxicas, la tendencia es pensar que la persona tóxica es el otro, pero quizás, un buen ejercicio de reflexión para empezar a analizar tu relación, sea cuestionarte si la persona tóxica eres tú.

    ¿Qué señales te pueden ayudar a identificar si tú eres una persona tóxica para tu relación de pareja?

    La relación gira en torno a ti, cubrir tus necesidades es lo más importante.

    Siempre tienes razón y quieres quedar por encima en cualquier discusión.

    Justificas no dejar libertad y espacio a la otra persona. Pones excusas o buscas cómo tenerla disponible siempre para ti.

    Aunque sabes que la relación no va bien, decides continuar en ella.

    Te sienta mal cuando las cosas no se hacen como tu piensas. Mantienes una actitud de enfado encubierto.

    Tienes una habilidad manipuladora evidente, que te permite tergiversar las situaciones para ser tu la víctima y el otro se sienta culpable.

    Por otro lado, en las relaciones tóxicas suelen darse frases como las que se describen a continuación que te pueden servir de pistas para identificar si tu relación es sana o no.

    Son frecuentes:

    Comparaciones: «Podrías ser como tu hermana…», «Ojalá fueras como…» 

    Absolutismos: «Jamás me defiendes», «Nunca eres cariñosa», «Siempre me haces sentir mal».

    Reproches: Sacar cosas del pasado que no vienen a cuento en ese momento.

    Recriminaciones: » Mira quien habla, el que lo hace todo el tiempo», «Pues tú una vez hiciste lo mismo».

    Chantaje emocional: «Si me conocieras lo sabrías..», » Si me quisieras lo harías» .

    Amenazas: «Si no te gusta ya sabes», «Ahí tienes la puerta», » Tú sigue así que un día de estos me voy…»

    Rabietas

    Rabietas

    Las rabietas forman parte del desarrollo evolutivo normal de un niñ@. Sin embargo, es uno de los temas más frecuentes que los papas plantean en consulta. Para la mayoría de los papás, es algo incontrolable y que genera un gran desconcierto. Les preocupa no poder controlarlas y no estar haciendo las cosas bien con sus pequeñ@s

    Las rabietas que forman parte del desarrollo normal de un niño, suelen darse entre los 1 y los 5 años, teniendo su máxima expresión entre los uno y los 3.

    Las rabietas son la forma que tienen los niños de expresar sus emociones. A nivel evolutivo, no están preparados para aceptar que sus deseos no se cumplan de forma inmediata y tampoco cuentan con mecanismos o herramientas para poder expresar lo que sienten de otra manera. Si nos paramos a pensar ¿Cómo podría un niño de un año de edad, que aún no sabe ni hablar, manifestar sus descontento con algo? La frustración, la rabia, el estrés, el miedo incluso, lo expresan de esta manera.

    Si partimos de este punto, es decir, que las rabietas son una expresión normal de las emociones, y que el niño lo hace de este modo porque no sabe hacerlo de otro, llegaremos a la conclusión que, están desprovistas de cualquier intencionalidad. En los niños pequeños, no hay intención de generar un malestar a sus padres cuando tienen una rabieta. Sin embargo, en niños más mayores, puede haber un componente aprendido, ya que hayan observado en repetidas ocasiones, que con sus rabietas consiguen lo que quieren, sea a nivel emocional o cualquier cosa que deseen en ese momento.

    La terapia con los padres, en este caso, consiste en proporcionarles pautas para que puedan acompañar a sus hij@s en esta fase sin sentirse culpables ni incómodos cuando las rabietas se den. Hay que tratar que establezcan una relación sana con sus hijos, y entiendan que es una fase donde tienen que entender a sus hijos, para que su desarrollo emocional sea óptimo. No hay que tratar de evitar las rabietas, son necesarias para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Hay que gestionarlas desde el amor y la comprensión.

    Quizá, algunos papás que estén leyendo esto, piensen que desde el papel y la teoría todo suena muy fácil, pero que, cuando un niño te monta una rabieta en medio de la calle, o en un restaurante, es muy difícil controlar los nervios. Muchos papás, tienen miedo al qué dirán, a lo que pensarán los demás, acerca de su labor como padres. Por ello, ceden a la emoción del niño, dándole lo que desea en ese momento para que la rabieta termine cuanto antes. Otros papás, directamente, prefieren no salir con sus hijos, para evitar la situación.

    En ningún momento, hemos mencionado que esto sea fácil. Se puede convertir en una etapa agotadora y donde el estado emocional del adulto también se resienta. Por otro lado, dependerá del temperamento que tenga cada niñ@.

    En cualquier caso, hay que armarse de paciencia y saber que es una etapa que pasará, y si uno se siente desbordaoo e incapaz de poder gestionar esta etapa, puede pedir ayuda profesional, que siempre vendrá bien para, por un lado, saber qué hacer con las emociones de los niñ@s y las rabietas, y por otro, como gestionar las nuestras, como adultos.

    Si estás leyendo estas líneas, seguramente te sea de ayuda lo que te cuento a continuación.

    • La primera recomendación que te puedo dar es, partir de que tu hijo está teniendo una emoción negativa, con lo que sería positivo tratar de entender qué le ocurre, por si fuera posible solucionar aquello que le hace sentir tan mal.
    • Resulta muy útil, verbalizarle al niño la emoción que nosotros creemos que está sintiendo, para que ellos también normalicen la emoción y entiendan qué les está pasando. Por ejemplo, » creo que estás muy enfadado…»,»veo que estás muy muy rabioso».
    • Mostrarse tranquilos y relajados para trasmitirles calma, y no contagiarnos de la emoción del niño. Si perdemos la paciencia, gritamos, o le negamos al niño su emoción, conseguiremos el efecto contrario. Puede que agudicemos su rabieta, o lo que es peor, que la estemos reforzando negativamente para veces posteriores.
    • Por ello, en ningún caso, elevar la voz, ni gritarles, ni insultarles, ni que decir tiene, pegarles.
    • Si su emoción es muy intensa, y la rabieta es desproporcionada, es recomendable apartar al niño del escenario donde se encuentre, abrazarle, aunque en principio el se resista y tratar de que exprese su emoción acompañado y desde el amor. Contenerles físicamente funciona para relajarles y protegerles de que se hagan daño o se lo puedan hacer a los demás.
    • Acompañarles en todo momento. Aunque estemos tentados a mandarles a su habitación, o a ignorarles, no es efectivo. Cuando son pequeños, lo que conseguiremos dejándoles solos es agudizar su emoción, ya que se sentirán abandonados, y creéme, no les servirá para reflexionar. No son conscientes de lo que les ocurre ni de lo que están provocando ¿qué van a pensar entonces?
    • Por último, pero muy importante, ser respetuosos con nuestros pequeños, tratando de cuidar su dignidad, y ser flexibles con sus limitaciones. Recuerda, no tiene mala intención, no es un tirano, no lo hace por fastidiar, no es nada personal, y tampoco busca manipularte ni chantajearte emocionalmente.

    PSICÓLOGA INFANTIL EN MOLINA DE SEGURA, MURCIA

    Celos en la relación de pareja

    Celos en la relación de pareja

    Los celos en la relación de pareja, son una reacción emocional que produce normalmente sentimientos de miedo, inseguridad, desconfianza en ocasiones. Es habitual, sentir celos en algún momento, a lo largo de nuestra vida. En la relación de pareja, también es habitual que se den, pero habría que diferenciar entre los celos adaptativos y los celos patológicos o celotipia.

    Los primeros, los celos adaptativos, están presentes en la relación de pareja en mayor o menor medida. Están relacionados con el sentimiento de apego a la otra persona y el miedo a perderla. En cuanto a sus consecuencias, son inofensivos, ya que no generan una distorsión en la percepción que la persona tiene acerca de su pareja, de sus relaciones ni de su entorno.

    La celotipia o celos patológicos, si tienen consecuencias emocionales tanto para la persona que los padece como para la relación de pareja. Se manifiestan como  preocupaciones desproporcionadas, irreales y reiteradas sobre la fidelidad y lealtad de la pareja. Como consecuencia, la persona necesita ejercer conductas de control sobre el otro, debido a la ansiedad y estado de hipervigilancia que experimenta continuamente, pensando que así, aliviará el malestar que siente. Además, esas conductas de control, le sirven como modo de confirmar que su pareja no le es infiel, con lo que entra en un bucle de control y confirmación del que le es muy complicado salir.

    Las causas de la celotipia en la mayoría de los casos, están relacionadas con inseguridad y baja autoestima. Esto les genera tener el pensamiento, de que quizá no sean lo suficientemente buenos para sus parejas, y por lo tanto terminarán abandonándoles. En ocasiones, la persona que sufre celotípia, ni siquiera es consciente de esto en primera instancia, ya que están convencidos de que su pareja tiene comportamientos sospechosos y necesitan averiguar si su pareja le está siendo desleal o no.

    El origen de estas creencias de falta de valía puede ser diverso. Puede que la causa de su baja autoestima esté localizada en sus primeros años de vida, pues no sintió que recibía el afecto y aprobación suficiente. Otra de las posibles causas, pueden ser experiencias pasadas traumáticas, que no tengan que ver con relaciones de pareja, pero donde la persona haya podido sentir la deslealtad por parte de otros. O lo más habitual, que hayas tenido experiencias de infidelidad pasadas y crea que es bastante probable que le pueda volver a suceder.

    La celotípia, también puede tener su origen en las propia personalidad, como es el caso de personas que no toleran la incertidumbre y tienden a aliviar su ansiedad con conductas de control, o personas que necesitan un control elevado de su entorno, o personas con miedo al qué dirán, a las consecuencias sociales de la deslealtad.

    Menos frecuente, pero que en ocasiones, está en el origen de los celos patológicos, son las creencias mágicas acerca de lo que es el amor y las relaciones de pareja

    La consecuencia más evidente de este tipo de celos en la relación de pareja, es la dinámica de acercamiento de la pareja y de distancia y alejamiento. Normalmente, el control que se quiere ejercer sobre el otro, genera distancia de la persona que lo padece para poder asegurarse su independencia. Esto es interpretado por la persona que sufre celos como posible señal de infidelidad, con lo que ejercerá más control y terminará derrumbándose. De éste modo consigue que la pareja se acerque para tranquilizarle y asegurarle su amor y vuelta a empezar.

    La persona con celotipia suele mostrar síntomas de ansiedad y de control de impulsos, sin embargo la pareja se siente muy frustrada y experimenta un miedo constante a las reacciones de su pareja, con lo que su vida se ve condicionada y limitada por completo. Esta relación disfuncional, provoca una relación insana de pareja que puede acabar en ruptura.

    Más sobre el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo)

    Como ya explicamos en anteriores publicaciones, el TOC, es una enfermedad mental que consiste en la presencia de tres aspectos en las personas que lo padecen: experimentan pensamientos involuntarios, irracionales, y repetitivos, a los que llamamos obsesiones. La existencia de estas obsesiones provoca ansiedad, angustia y miedo en el paciente, quien se ve obligado a realizar acciones  (compulsiones), en su intento por calmar o aliviar las sensaciones desagradables asociadas a las obsesiones. El bucle de obsesiones y compulsiones normalmente implica el gasto de mucho tiempo en el día a día de la persona y en muchos casos le limita o impide la realización de otras actividades importantes para ella.

    Por si aún puedan quedar dudas acerca de los que son las obsesiones, unas notas aclaratorias:

    • Son pensamientos, imágenes, o sensación de impulso que se dan de forma repetida y que son involuntarias, es decir, que están fuera del control de la persona.
    • La persona no desea tenerlas ya que son desagradables e irracionales.
    • Provocan sensación de inquietud, miedo, pero sobre todo «DUDA».
    • La persona genera un pensamiento totalmente rígido, como si las cosas sólo pudieran ser de una determinada manera y la persona gasta mucho tiempo al día con ellas, sintiéndose limitado ya que evita hacer determinadas actividades importantes para ella
    • Las obsesiones no son pensamientos de preocupación excesiva que podemos tener acerca de aspectos de la vida diaria, aunque «les demos muchas vueltas», como se suele decir.

    Notas aclaratorias de qué son o no son las compulsiones:

    • Las compulsiones son comportamientos, acciones o pensamientos que la persona pone en marcha cuando tiene una obsesión con el objetivo de evitar las consecuencias que la obsesión le anticipa y aliviar de esta modo la sensación de miedo, angustia o duda.
    • Las compulsiones son la solución para evitar un mal mayor, aunque la persona que padece el TOC, sabe que sólo será hasta que vuelva a aparecer la obsesión
    • Si no se pone una solución efectiva al trastorno, las compulsiones suelen ir a más, con lo que cada vez, la persona gasta más tiempo en ellas, provocándole un deterioro en su vida
    • Aclarar algo, no todos los comportamientos repetitivos son compulsiones. Una persona necesita repetir un comportamiento cuando está en un proceso de aprendizaje o por ejemplo, es saludable seguir ciertas rutinas de higiene del sueño antes de ir a dormir.

    Las Obsesiones más comunes con los que los pacientes suelen acudir a consulta son: de contaminación, perder el control, hacer daño, perfeccionismo, contagio, sexuales y religiosas.

    Contaminación

    • Fluidos corporales (Ejemplos: orina, heces)
    • Bacterias/ enfermedades (Ejemplos: Herpes, VIH)
    • Contaminantes ambientales (Ejemplos: amianto, radiación)

    Perder el Control

    • Miedo de hacerse daño
    • Miedo de hacer daño a otras personas
    • Miedo de imágenes violentas en su mente
    • Miedo de insultar o usar palabras malas
    • Miedo de robar

    Perfeccionismo

    • Preocupación con la simetría o exactitud
    • Preocupación con la necesidad de saber o recordar
    • Miedo de perder u olvidar información importante al tirar algo
    • Incapacidad de decidir si guardar o descartar ciertas cosas
    • Miedo de perder las cosas

    Daño

    • Miedo de ser responsable de una acción terrible(Ejemplos: incendio provocado, robo)
    • Miedo de dañar a otros por no ser lo suficientemente cuidadoso (Ejemplo: dejar caer algo en el suelo que pueda ocasionar que alguien se resbale y se lastime)

    Pensamientos Sexuales No Deseados

    • Pensamientos o imágenes sexuales, perversas, o prohibidas
    • Impulsos sexuales, perversos, o prohibidos
    • Obsesiones acerca de la homosexualidad
    • Obsesiones sexuales que involucren niños o incesto
    • Obsesiones de comportamientos sexuales agresivos hacia otra gente

    Obsesiones Religiosas (Conocido como “Scrupulosity” o escrupulosidad)

    • Preocupación por ofender a Dios o blasfemar
    • Preocupación excesiva por la moralidad

    Otras Obsesiones

    • Preocupación por contraer una enfermedad (no por contaminación)
    • Ideas supersticiosas de números de suerte o ciertos colores

    Las Compulsiones Comunes en el TOC

    Limpiar y Lavar

    • Lavado de manos
    • Rutina de baño, lavado de dientes, o acicalado excesivo
    • Limpiar excesivamente la casa
    • protegerse para prevenir contaminarse

    Comprobar

    • Comprobar que no ha dañado/no dañará a otra gente o a sí mismo
    • Comprobar que no haya ocurrido algo terrible o haber cometido un error

    Repetir

    • Volver a realizar acciones cotidianas, por ejemplo: leer o escribir, apagar o encender interruptores, salir o entrar de un sitio, sentarse o pararse de una silla. También repiten movimientos del cuerpo como parpadear o tocar algo

    Compulsiones Mentales

    • Revisión mental de eventos para prevenir consecuencias (a otra gente, a si mismo)
    • Rezar para prevenir daño (a si mismo, a otra gente, para prevenir consecuencias terribles)
    • Contar durante una acción para terminar en un número “bueno, correcto, o seguro”
    • Cancelar, deshacer, o borrar (Ejemplos: sustituir una “mala” palabra por una “buena” para borrarla)

    Otras Compulsiones

    • Coleccionar cosas que resultan en mucho desorden
    • Organizar y hacer las cosas hasta que se “siente correcto”
    • Decir, preguntar, o confesar para asegurarse.

    Trastorno de Estrés Postraumático

    Trastorno de Estrés Postraumático

    El Trastorno de Estrés Postraumático, es un cuadro intenso de ansiedad que se desarrolla tras haber vivido un trauma en primera persona, o un familiar o persona muy allegada. Se presenta normalmente con recuerdos vívidos y recurrentes del echo y con conductas de evitación.

    Para definir con exactitud de qué se trata, vamos a recoger la definición que la Clasificación Americana de Enfermedades mentales, recogió en su última publicación. El DSM-V (APA, 2013) define el trastorno por estrés postraumático como:

    A. Exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, en una (o más) de las formas siguientes:

    1. Experiencia directa del suceso(s) traumático(s).
    2. Presencia directa del suceso(s) ocurrido a otros.
    3. Conocimiento de que el suceso(s) traumático(s) ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo. En los casos de amenaza o realidad de muerte de un familiar o amigo, el suceso(s) ha de haber sido violento o accidental.
    4. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso(s) traumático(s) (p. ej., socorristas que recogen restos humanos; policías repetidamente expuestos a detalles del maltrato infantil).

    Nota: El Criterio A4 no se aplica a la exposición a través de medios electrónicos, televisión, películas o fotografías, a menos que esta exposición esté relacionada con el trabajo.


    B. Presencia de uno (o más) de los síntomas de intrusión siguientes asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza después del suceso(s) traumático(s):

    C. Evitación persistente de estímulos asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza tras el suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por una o las dos características siguientes:

    1. Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos del suceso(s) traumático(s).
    2. Sueños angustiosos recurrentes en los que el contenido y/o el afecto del sueño está relacionado con el suceso(s) traumático(s).
    3. Reacciones disociativas (p. ej., escenas retrospectivas) en las que el sujeto siente o actúa como si se repitiera el suceso(s) traumático(s). (Estas reacciones se pueden producir de forma continua, y la expresión más extrema es una pérdida completa de conciencia del entorno presente.)
    4. Malestar psicológico intenso o prolongado al exponerse a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).
    5. Reacciones fisiológicas intensas a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).
    1. Evitación o esfuerzos para evitar recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).
    2. Evitación o esfuerzos para evitar recordatorios externos (personas, lugares, conversaciones, actividades, objetos, situaciones) que despiertan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).

    D. Alteraciones negativas cognitivas y del estado de ánimo asociadas al suceso(s) traumático(s), que comienzan o empeoran después del suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por dos (o más) de las características siguientes:

    1. Incapacidad de recordar un aspecto importante del suceso(s) traumático(s) (debido típicamente a amnesia disociativa y no a otros factores como una lesión cerebral, alcohol o drogas).
    2. Creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo (p. ej., “Estoy mal,” “No puedo confiar en nadie,” “El mundo es muy peligroso,” “Tengo los nervios destrozados”).
    3. Percepción distorsionada persistente de la causa o las consecuencias del suceso(s) traumático(s) que hace que el individuo se acuse a sí mismo o a los demás.
    4. Estado emocional negativo persistente (p. ej., miedo, terror, enfado, culpa o vergüenza).
    5. Disminución importante del interés o la participación en actividades significativas.
    6. Sentimiento de desapego o extrañamiento de los demás.
    7. Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas (p. ej., felicidad, satisfacción o sentimientos amorosos).

    E. Alteración importante de la alerta y reactividad asociada al suceso(s) traumático(s), que comienza o empeora después del suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por dos (o más) de las características siguientes:

    1. Comportamiento irritable y arrebatos de furia (con poca o ninguna provocación) que se expresan típicamente como agresión verbal o física contra personas u objetos.
    2. Comportamiento imprudente o autodestructivo.
    3. Hipervigilancia.
    4. Respuesta de sobresalto exagerada.
    5. Problemas de concentración.
    6. Alteración del sueño (p. ej., dificultad para conciliar o continuar el sueño, o sueño inquieto).

    F. La duración de la alteración (Criterios B, C, D y E) es superior a un mes.

    G. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

    H. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., medicamento, alcohol) o a otra afección médica.


    Además se puede especificar si se presentan síntomas disociativos o es de expresión retardada.
    Con síntomas disociativos: Los síntomas cumplen los criterios para el trastorno de estrés postraumático y, además, en respuesta al factor de estrés, el individuo experimenta síntomas persistentes o recurrentes de una de las características siguientes:
    1. Despersonalización: Experiencia persistente o recurrente de un sentimiento de desapego y como si uno mismo fuera un observador externo del propio proceso mental o corporal (p. ej., como si se soñara; sentido de irrealidad de uno mismo o del propio cuerpo, o de que el tiempo pasa despacio).
    2. Desrealización: Experiencia persistente o recurrente de irrealidad del entorno (p. ej., el mundo alrededor del individuo se experimenta como irreal, como en un sueño, distante o distorsionado).
    Nota: Para utilizar este subtipo, los síntomas disociativos no se han de poder atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., desvanecimiento, comportamiento durante la intoxicación alcohólica) u otra afección médica (p. ej., epilepsia parcial compleja).

    Con expresión retardada: Si la totalidad de los criterios diagnósticos no se cumplen hasta al menos seis meses después del acontecimiento (aunque el inicio y la expresión de algunos síntomas puedan ser inmediatos).

    Resiliencia: nuestra mejor arma para combatir adversidades

    La resiliencia es nuestra mejor arma para combatir las adversidades, ya que es la capacidad que disponemos las personas para adaptarnos a circunstancias difíciles, aceptarlas y salir reforzado de ellas. La resiliencia implica siempre un aprendizaje, ya que detrás de cada situación que te encuentres, habrá también una oportunidad de aprender algo.

    Las personas resilientes se caracterizan por:

    1. Tienen un alto nivel de autoconocimiento, tienen como hábito la autoobservación de sí mismos, y esto les hace ser muy conscientes de sus puntos fuertes y sus puntos débiles, de sus fortalezas y limitaciones. Por ello, suelen marcarse objetivos a corto y a largo plazo muy realistas, basados sólo en lo que realmente se pueden comprometer, no en deseos que sólo se quedan en eso, en sueños sin cumplir.
    2. Son personas optimistas. Saben que la vida es un continuo cambio y por lo tanto no se empeñan en conseguir lo de antes, sino que crean una nueva realidad, y hacen de la situación de crisis una oportunidad para el cambio y la superación.
    3. La persona resiliente es una persona segura de sí misma, con autoconfianza. Tiene claro que será capaz de hacer lo que se proponga. Se comprometen hasta conseguir su objetivo, independientemente del tiempo que haya que dedicarle, teniendo en cuenta que en la mayoría de ocasiones se consiguen mejor las cosas en equipo que uno sólo.
    4. Siempre entienden las dificultades como una oportunidad de aprendizaje.
    5. Son personas que no miran atrás, no se anclan el el pasado. Viven el presente, como única experiencia real. Están en el aquí y ahora de forma consciente. Practican la atención plena como modo de vida. Lo que ocurrió ayer ya pasó y ya no forma parte de su campo de actuación, por lo que no se preocupan ni se recrean en la culpa, y el futuro es sólo una fuente de incertidumbre en el que tampoco participan. Aplican el «mindfulness» en su vida diaria consciente e inconscientemente. Por ello se centran en los aspectos realmente importantes de la vida y disfrutan de las pequeñas cosas.
    6. Atraen a personas en el mismo plano energético que ellas. Por ello, se rodean de personas con una actitud positiva y con capacidad de resiliencia y evitan las personas que puedan suponer un escape de energía infinito e inútil. De este modo, inevitablemente, crean redes sociales de apoyo efectivas.
    7. Son conscientes que una buena gestión emocional es necesaria para la aceptación plena. Nunca tratan de controlar lo que hay fuera, sino lo que llevan en su interior. Controlan sus emociones como parte del aprendizaje. Son conscientes de que emociones como el miedo hay que tolerarlo, como una emoción más, y aceptan que no se puede controlar lo que escapa a nosotros.
    8. Se adaptan a los cambios.  las personas resilientes están dispuestas a valorar diferentes opciones y puntos de vista, sin aferrarse sólo al suyo o a una única solución. Pueden cambiar de itinerario para conseguir sus metas.
    9. Se toman la vida con buen humor. Son capaces de reirse de sí mismos y de las circunstancias complicadas.

    Resiliencia, nuestra mejor baza

    La resiliencia es nuestra mejor baza para nuestra supervivencia emocional. Es el arma, que nos defenderá de las adversidades del día a día y que evitará que salgamos dañados de ellas

    La resiliencia, es la capacidad que tenemos las personas para afrontar y adaptarnos a situaciones difíciles y adversas y salir reforzados de ellas, con un aprendizaje realizado.

    Ahora más que nunca, cuando la situación es adversa para todos nosotros, e inevitable, ya que escapa al control de todos nosotros, no nos queda otra que afrontarla de un modo sano, aprender todo lo que podamos de ella, y por lo tanto salir reforzados. Seguramente, necesitamos, que todo lo que estamos viviendo, merezca la pena, sobretodo, por todos aquellos que ya no tienen oportunidad de vivirlo.

    Podemos enfocar esa situación, como una oportunidad de conocernos mejor a nosotros mismos, y de contarnos verdad, verdad acerca de nuestras fortalezas, pero también de nuestras debilidades, por qué no. No permitamos que el miedo nos paralice. Convirtamos esta crisis sanitaria, económica, social, en una oportunidad para mejorar en todo ello.

    Abandonemos la queja, la crítica continua y un incesante bucle de «por qués» mentales que nunca termina. Lo sé, no es fácil, pero podemos aprender a hacerlo.

    Cuéntate verdad de tu realidad, a lo mejor, antes de todo esto, no te parabas ni a pensar en ciertas cuestiones importantes, y ahora valoramos más la cercanía a los nuestros, el valor de un abrazo, un beso, el compartir una charla sin mascarilla, la salud. indiscutiblemente, ojalá, esto no hubiera ocurrido, pero ya que lo tenemos aquí, aprovechémoslo.

    De eso va la resiliencia, de cambiar el diálogo interno, de cambiar la forma en la que nos hablamos y de sustituir una preguntas por otras. No se trata de por qué ocurren las cosas, sino de qué ocurre y qué puedo hacer ante ello. De buscar el cómo puedo aprender y afrontarlo

    No pierdas esta oportunidad que la vida nos a puesto delante, que aunque todos estamos deseando que termine, que el rastro que deje en ti, haya merecido la pena

    Clínica Vanesa Hernández. Equipo de psicólogas en Molina de Segura, Murcia