La bulimia, así como la anorexia, tiene graves efectos en la salud física.
Los vómitos constantes y la falta de nutrientes característicos de la bulimia pueden provocar los siguientes problemas:
dolor estomacal constante.
daño en el estómago y los riñones.
erosión del esmalte dental (debido a la exposición a los ácidos del estómago).
agrandamiento de las glándulas salivales de las mejillas debido a los vómitos frecuentes.
ausencia de menstruación.
pérdida de potasio (esto puede desencadenar problemas cardíacos e incluso la muerte).
La complicación cardiovascular más importante es la pérdida de potasio a través de los vómitos o por el abuso de laxantes provocando alteraciones en el electrocardiograma con terribles consecuencias.
Cuando provocan el vómito, el ácido que le acompaña actúa sobre el esmalte dental, pudiendo resquebrajarse o parecer carcomidos.
También aparece una dilatación gástrica con el riesgo de rotura de estómago, por las abundantes comidas o por el gran esfuerzo que se produce al vomitar.
Otras complicaciones que pueden darse son: esofagitis, úlceras, hemorragias e incluso perforación del esófago que en alguna ocasión puede llegar a causar la muerte.
Cuando se da un uso habitual de laxantes, puede producir alternancia de diarreas y estreñimiento y una dependencia a este tipo de fármacos que hace mucho más difícil el abandonarlo.
Como resultado de las purgas, los desequilibrios electrolíticos pueden a veces llegar a causar problemas médicos graves.
Aunque pensar en trastorno de la alimentación, nos hace pensar en delgadez, no siempre es así. En las personas que padecen bulimia hay ocasiones en que, los continuaos atracones, pueden provocar que la persona aumente mucho de peso, lo que aumenta su riesgo de padecer enfermedades relacionadas con el sobrepeso tales como, diabetes, coronarias u otras.
El principal síntoma que presentan las personas con anorexia o bulimia es el MIEDO A ENGORDAR.
Quizá no seamos conscientes, cuando afirmamos algo así, de la importancia y gravedad de padecer este miedo. El objeto temido es la comida, lo que produce ansiedad es precisamente, el tener que comer.
Sabemos que todos los miedos son incapacitantes, y al hablar de ansiedad (del tipo que sea) he afirmado que también muy desagradable pero nunca peligrosa (para nuestra integridad física).
El miedo, es un mecanismo de defensa cuyo objetivo es protegernos de amenazas y peligros. Es cierto que nuestra mente en ocasiones percibe amenaza donde no la hay, pero en ningún caso, dicho miedo lleva implícito atentar contra nuestra propia seguridad y supervivencia.
En el caso de los trastornos de la alimentación, si. La persona tiene miedo a comer, por miedo a engordar. Su miedo le protege de engordar, pero no le protege de sobrevivir. De ahí la gravedad de estas enfermedades, y la dificultad e importancia de trabajar para superar o dominar el miedo.
Además de este miedo a engordar, las personas con anorexia y bulimia suelen presentar:
Trastornos del sueño, que aparecen como un trastorno secundario
Estado de ánimo irritable, que normalmente aparece del conflicto interior entre la demanda de alimento del cuerpo y la obsesión por controlarlo. En la mayoría de los casos cambia su carácter.
Estado de ánimo deprimido y ansiedad, ya que continuamente tienen que enfrentarse al objeto temido y a situaciones donde tendrán que ocultar, disimular, mentir…No se sienten bien consigo mismas.
Aislamiento. Van cerrando cada vez más su círculo de amigos con tendencia a la soledad, la tristeza y la melancolía, Evitan cualquier situación donde haya probabilidad de comer. Además, no les apetece mostrarse a la gente, por no tener la imagen deseada y por no sentirse anímicamente bien.
Sentimiento de culpa. Obsesionados por el control total, cuando creen que han cedido (en un atracón, en el caso de la bulimia o por comer algo no permitido, en la anorexia), se sienten culpables y creen que si no consiguen lo que se proponen es porque son débiles. En las fases iniciales la culpa también es provocada por la sensación de saber que no se está haciendo lo correcto. Aun luchan entre lo racional y la enfermedad
Baja autoestima. Aspecto que forma parte de ellas desde antes de la aparición del trastorno. Suelen ser personas inseguras
Sentimiento de inutilidad, vacío. Puede decirse que la dieta las mantiene en una constante frustración, lo que hace que se perciban como inútiles, ya que no consiguen lo que consideran su objetivo.
Perfeccionismo y autoexigencia elevada, como mecanismo de control de sus vidas. Así tratan de aliviar su inseguridad y sensación de inutilidad.
Percepción distorsionada de su imagen o visión parcial. Se ven mucho más gordas de lo que realmente están y se obsesionan por una parte de su cuerpo que no les gusta, lo que les hace no ver la totalidad de su aspecto (normalmente se centran en las caderas, los muslos…)
En el caso de la anorexia, hay una negación total de su delgadez, además de una alteración de la capacidad de concentración por la falta de componentes (nutrientes) necesarios para la realización de actividades mentales.
En la bulimia, existe un miedo elevado a perder el control y darse un atracón lo que les produce sentiré muy culpables y volver a empezar.
La fobia social es un temor muy intenso y persistente que se experimenta ante una o más situaciones sociales o ante actuaciones en público, tales como:
Pedir una consumición en un bar.
Preguntar el precio o características de un producto a un dependiente en un comercio.
Preguntar una duda en clase.
Hablar en una reunión de gente.
Iniciar o mantener una conversación con una persona atractiva.
Expresar una queja o mostrar tu desacuerdo cuando sientes vulnerados tus derechos, (p.e. alguien se cuela en la cola del supermercado).
La simple relación con los compañeros de clase o del trabajo, comer o beber en público.
Dicho temor no desaparece hasta que la situación acaba o la persona escapa de ella.
La persona con fobia social tiene miedo a cometer un error y que los demás se den cuenta, o a decir o hacer algo que les provoque vergüenza, por temor a lo que piensen los demás.
Dicho miedo provoca la aparición de una respuesta de ansiedad que va acompañada de sudor, rubor( se pone cara roja), temblor, nauseas o ganas de vomitar, lo que provoca que la persona escape de las situaciones porque entiende que sólo así su miedo desaparecerá, o evite todas aquellas situaciones en las que cree que le podría ocurrir.
De hecho, en la mayoría de los casos, la anticipación de la situación ya produce dicha respuesta de ansiedad, con lo que la persona se siente incapaz de poder enfrentarse, al pensar que, si lo hace, su ansiedad será mucho peor. Así, de este modo, la persona entra en un círculo vicioso, en el que cada vez se enfrenta a menos situaciones por temor, ya no sólo a lo que puedan pensar los demás, sino también a que se le pueda notar su La clave del trastorno radica precisamente en ese doble temor, que provoca que la vida cotidiana de la persona con fobia social se vea interferida y limitada significativamente.
Pero fobia social no es lo mismo que timidez. La persona tímida puede que no se encuentre cómodo en determinadas situaciones sociales o no elija como profesión el dar conferencias, pero es capaz de desarrollar su vida con normalidad, ya que no desarrolla una respuesta de ansiedad ante las situaciones sociales.
Es decir, la mayoría de las personas nos ponemos nerviosos ante ciertas situaciones sociales (sobre todo cuando nos enfrentamos por primera vez), nerviosismo que se considera normal y que va acompañado de determinados síntomas. Sin embargo, los entendemos como normales, pasamos el mal trago y continuamos con la situación.
La persona con fobia social, no interpreta la aparición de estos síntomas de nerviosismo como algo normal, su aparición provoca el miedo a que se noten y el temor a que, por su presencia, no saber actuar bien y ser juzgado. En ocasiones, la fobia social va acompañada de trastorno de pánico, pues la persona teme que esos síntomas sean el inicio de una crisis y en este caso la persona tiene miedo de la crisis y del ridículo de mostrar esa crisis en público.
Las personas con fobia específica presentan un temor intenso, desproporcionado o irracional, por la presencia de objetos o por la exposición a situaciones específicas que les producen dicho miedo: animales, lugares cerrados, alturas, oscuridad, tormentas, vuelos, ver sangre, recibir inyecciones (intravenosas, mus-culares), intervenciones médicas (dentales, p.ej.), tragar alimentos sólidos, conducir un coche, aguas profundas.
En ocasiones basta con la anticipación a ellos. Con la anticipación a ellos, nos referimos a que, el sólo hecho de pensar en que se tienen que exponer o que la situación sucederá, les produce casi el mismo temor o el mismo que si la estuvieran viviendo en realidad.
Cuando la persona se expone a lo que le produce miedo se da una respuesta inmediata de ansiedad, que puede llegar incluso a ataque de pánico. Aunque normalmente la persona reconoce que su miedo es exagerado, no puede evitar sentirse así.
Existe una excepción dentro de las fobias específicas en cuanto a la respuesta ansiosa. Es el caso de la fobia a la sangre, en la que suelen aparecer nausias y desvanecimiento y no siempre miedo.
En todos los casos, la solución que adopta la persona, es evitar las situaciones temidas o en el caso de tener que soportarlas, lo hace con un intenso miedo y malestar. El hecho de que alguien experimente un intenso miedo a algo, por sí solo, no significa que tenga una fobia específica. Dicho miedo tiene que afectar significativamente la rutina normal de la persona a nivel laboral, académico o socio-familiar.
Es decir, alguien podría experimentar un miedo muy elevado a los canguros, pero si en su vida cotidiana no se va a encontrar a ninguno porque no vive en un entorno donde sea habitual la presencia de ellos, eso no supondría una fobia específica. En contraposición, si un alto ejecutivo que tiene que viajar continuamente, y hacer uso del avión, tuviese fobia a volar, ahí si hablaríamos de fobia específica.
Entre los profesionales de la psicología hablamos de diferentes tipos de fobias específicas:
Animal. El miedo es causado por uno o más tipos de animales. Los animales más temidos son las serpientes, arañas, insectos, gatos, ratas, ratones y pájaros. –
Ambiente natural. El miedo es provocado por situaciones naturales: tormentas, viento, alturas, agua, oscuridad. –
Sangre/inyecciones/heridas (SIH). El miedo es inducido por la visión de sangre/heridas, por recibir inyecciones u otras intervenciones médicas invasoras, por la realización de un análisis de sangre y/o ver o hablar de intervenciones quirúrgicas. También se han incluido en este apartado el miedo a los hospitales, ambientes médicos y dentales, instrumental médico y olores de medicinas, aunque no está claro si constituyen una subtipología. Estos fóbicos no temen la visión de su sangre menstrual o la manipulación de carnes rojas.
Situacional. El miedo es inducido por situaciones específicas tales como transportes públicos, túneles, puentes, ascensores, volar en avión, coches (conducir o viajar), lugares cerrados. –
Otro tipo. El miedo hace referencia a otro tipo de estímulos. Se incluyen situaciones que pueden conducir al atragantamiento, vómito o adquisición de una enfermedad (cáncer, SIDA); la fobia a los espacios (miedo a caerse si no se está cerca de paredes o de medios de sujeción).
Hay ocasiones en que, una misma persona tiene más de una fobia específica de un mismo tipo, por ejemplo, fobia a varios animales, o también que el tener una fobia específica vaya acompañada de otros miedos (no necesariamente fóbicos).
Además, hay que tener en cuenta que las personas con una fobia específica pueden temer un posible daño (accidente aéreo, mordedura, choque de automóviles, ahogarse), pero también pueden estar preocupados por perder el control, hacer el ridículo, marearse, desmayarse o tener un ataque de pánico con las consiguientes consecuencias anticipadas en este último caso: quedar avergonzado ante los demás, lastimarse al huir, volverse loco o tener un ataque cardíaco. El miedo a las sensaciones físicas experimentadas parece más frecuente en la claustrofobia, en la fobia a las alturas y en la fobia a la sangre/inyecciones/heridas.
La diferencia con el trastorno por pánico, es que estos síntomas sólo aparecen mientras dura la situación temida.
Las personas que padecen anorexia y bulimia, están obsesionadas con su imagen, y en consecuencia con la alimentación. Su vida está organizada en torno a la comida, en un cálculo mental continuo de cuantas calorías ingieren y queman a lo largo del día.
Pese a estar muy delgadas, no se ven así, la percepción de su imagen corporal está distorsionada completamente. Se someten continuamente a dietas en las que eliminan los alimentos con más calorías y reducen la ingesta de líquidos.
Es frecuente también que aumenten su actividad física, haciendo deporte o evitando estar quietas, comiendo incluso de pie. Pueden recurrir también a tomar laxantes o diuréticos, o provocarse el vómito.
Las personas que padecen anorexia o bulimia son, a menudo, demasiado perfeccionistas, con baja autoestima y excesivamente críticas consigo mismo y sus cuerpos. Suelen mostrar emociones y actitudes extremas.
Se sienten deprimidas, lloran con frecuencia, sintiéndose también culpables, irritables, enfadándose con normalidad, además de aislarse socialmente, sobretodo en reuniones familiares donde se va celebrar algo comiendo. Además pueden presentar comportamientos extraños como esconder la comida, escupirla tras masticarla, o cocinar grandes cantidades de comida para los demás, que luego ellas ni prueban.
El miedo a ganar peso está siempre presente y en las etapas iniciales es común la negación de su problema. En algunos casos, estos trastornos suelen ir acompañados de otros problemas psiquiátricos como la ansiedad, pánico, trastorno obsesivo-compulsivo y el consumo de alcohol o drogas.
Es frecuente que, los trastornos de la alimentación comiencen en la adolescencia. El cambio físico y emocional que se da en esta etapa de la vida, implica enfrentarse de manera distinta a nuevas situaciones, en las que el adolescente no siempre cuenta con recursos para saber llevarlas. El trastorno de la alimentación suele ser la solución que se pone para resolver otros problemas reales como baja autoestima, relaciones sociales o sentimentales, dificultades con los padres o en el instituto.
Aunque la anorexia y la bulimia comparten los rasgos que hemos mencionado , son dos problemas distintos que se diferencian fundamentalmente en:
La anorexia nerviosa se caracteriza fundamentalmente por un miedo excesivo para engordar, lo que provoca que la persona restrinja exageradamente la ingesta de comida. Están excesivamente delgadas, su peso está por debajo de lo que se espera para su edad y talla, llegando al límite de la desnutrición e inanición. Normalmente padecen amenorrea, es decir, retirada del ciclo menstrual más de tres meses consecutivos
La bulimia, a diferencia de la anorexia, suelen tener un peso normal. Alternan periodos de restricción de comida, en los que apenas comen, con otros periodos donde se descontrolan, habiendo episodios de “atracones” ( Ingesta de grandes cantidades de alimentos, sobre todo muy calóricos). Esta alternancia, hace que la persona entre en un bucle para no engordar, ya que después de un atracón se sienten muy culpables y provocan el vómito, se dicen así mismas que será la última vez , e inician su dieta restrictiva, hasta que se descontrolan pegándose un nuevo atracón y vuelta a empezar.
Tanto en un caso como en otro podemos, ayudarles dotándoles de estrategias a padres y adolescentes (en su caso), para poder enfrentarse de modo sano a sus dificultades, gestionar sus emociones y restaurar patrones de alimentación adecuados.
La agorafobia es, la aparición de ansiedad cuando la persona se encuentra en situaciones en donde cree, que le va a resultar difícil o embarazoso escapar si padeciese una crisis de angustia inesperada, o en las que cree que no podrá recibir ayuda.
Las personas con agorafobia, suelen evitar estas situaciones o lugares, o las resisten a costa de un malestar intenso, provocado por miedo a que aparezca una crisis de angustia. Normalmente, la persona que padece agorafobia evita situaciones tales como:
– conducir (sobretodo autovía y autopista).
– Uso de transporte público: taxi, autobús, tren, barco, avión.
– Mezclarse con la gente en grandes multitudes, como en un concierto, cine, grandes almacenes, teatros…
– Hacer cola o esperar en un establecimiento.
– Permanecer sentado en peluquería, dentista.
– Alejarse de casa.
– Quedarse sólo en casa.
– Espacios cerrados, como por ejemplo ascensores, habitaciones pequeñas, despacho del médico.
La agorafobia puede ir asociada a crisis de pánico o no. En algunos casos, la persona experimentó una o más crisis de pánico en el pasado. Su miedo a volver a padecerlas, le hace temer determinadas situaciones donde cree, que es más fácil su aparición.
De esta manera, la ansiedad se va asociando a dichas situaciones, y se va desarrollando la agorafobia. La persona piensa que el enfrentarse a esas situaciones provocará la aparición de la ansiedad, con lo que las evitan normalmente. Sólo se va a sentir a salvo en su “zona de seguridad”, es decir, donde cree que no sentirá miedo.
La consecuencia de esta evitación es que, el miedo a enfrentarlas cada vez es mayor, y se suele ir produciendo un aumento de las situaciones a las que se teme.
Así es, cómo cada vez más, la vida de los que padecen agorafobia se va limitando y mermando.
Últimamente, ¿Experimentas de repente como un miedo intenso que te lleva a pensar que te sucede algo?¿Piensas que estás enfermo, que perderás el control, perderás la cabeza o incluso la sensación de que vas a morir?
Acompañando a este miedo sientes ¿mareo, sensación de desvanecimiento como si te fueras a caer redondo alsuelo, opresión en el pecho, sudores, temblores, sensación de falta de aire, taquicardia?
¿Te sientes en alerta o en guardia a lo largo del día por miedo a experimentar esta emoción de miedo o alguno de estos síntomas? ¿Te descubres “chequeando tu cuerpo “para identificar cualquier tipo de sensación física y si es peligrosa o no?, el notarte alguna sensación ¿dispara tu miedo a una crisis?
¿Evitas situaciones, actividades o lugares por temor a la aparición de esta sensación?
Si tu respuesta es afirmativa a parte de estas preguntas quizá estés sufriendo crisis de angustia o ataques de pánico asociados a un estado de ansiedad.
El trastorno de pánico es la presencia de crisis de ansiedad o miedo a padecerlas. Dichas crisis, son la aparición temporal de miedo o malestar intenso, que se inicia de manera brusca, alcanzando su máxima expresión en los primeros 10 minutos, y van acompañados de cuatro o más de los siguientes síntomas:
1- Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca
2- Sudoración.
3- Temblores o sacudidas.
4- Sensación de ahogo o falta de aliento.
5- Sensación de atragantarse.
6- Opresión o malestar torácico.
7- Náuseas o molestias abdominales.
8- Inestabilidad, mareo o desmayo.
9- Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización ( estar separado de una mismo).
10- Miedo a perder el control o volverse loco.
11- Sensación de entumecimiento u hormigueo.
12- Escalofríos o sudores.
La característica fundamental del trastorno por pánico es el miedo a sufrir este miedo, “miedoal miedo”. Las personas que lo padecen, temen continuamente la aparición de una nueva crisis. La presencia normal de cualquiera de los síntomas que hemos descrito, es interpretado por la persona como amenazante, peligroso, como que puede ser la señal que le indica que algo le está sucediendo, en ese momento comienza a sentir miedo y los síntomas aumentan, aumentando también el miedo, lo que le sirve a la persona para confirmar que algo grave le está sucediendo.
Los síntomas que habitualmente pueden desencadenar crisis de pánico son la opresión en el pecho (“¿estaré sufriendo un infarto?”), la sensación de mareo o desmayo (“¿perderé el control y caeré redonda?”), la sensación de irrealidad (“¿me estaré volviendo loco?”) o la sensación indefinida de miedo intenso que me lleva a pensar que voy a morir de modo inminente.
La ansiedad generalizada es la preocupación excesiva por aspectos de la vida cotidiana, tales como los estudios, trabajo, economía, protección de los hijos, etc. La persona que padece ansiedad generalizada está como continuamente en alerta, como detectando cualquier posible problema o complicación que pudiera surgir en su día a día o en el de sus seres queridos. Experimentan la sensación constante, que de forma inesperada, en cualquier momento, algo podría complicarse. Realmente, no les preocupa nada en concreto, a la vez que les preocupa todo. Les resulta muy difícil controlar este estado de preocupación constante, ya que el mantenerse preocupados les produce la sensación de estar ocupándose del problema y sentir aparentemente un mayor control de la situación. Sin embargo, este estado de tensión continua, también les produce síntomas tales como:
– Inquietud o impaciencia.
– Fatigarse fácilmente.
– Dificultad para concentrarse o dejar la mente en blanco.
– Tensión muscular.
– Problemas para conciliar el sueño o sueño. Sensación de cansancio al despertar
– Estar irritable, cambios de humor.
Las personas con ansiedad generalizada, tienen mucha facilidad para preocuparse por cualquier cosa que pueda surgir en su día a día de una manera intensa y desproporcionada, y mucha dificultad para poder controlar esa preocupación, es decir, les resulta casi imposible dejar de preocuparse. Este es el síntoma principal, la dificultad para relajarse. La persona se siente tensa, asustada, se sobresalta con facilidad, se siente inestable y débil. Pensamientos como: “y si mi hijo suspende el examen…”, “y si no le controlo bien y tiene problemas con alcohol…”, “y si surgen problemas en el trabajo y me despiden…”, “y si enfermo y no me puedo ocupar de…”, “y si mi marido no me perdona…”, “y si tiene un accidente…”.
El miedo les hace pensar en términos de posibilidad: “¿Y si…?”. Realmente posible es todo lo que podamos pensar, pero el error radica en que racionalmente pensamos en términos de probabilidad y no de posibilidad. La posibilidad nos lleva a anticipar de modo negativo lo que pueda suceder, la probabilidad a pensar de modo realista en la situación futura.
EL TRIÁNGULO DE LA DEPRESIÓN: TRISEZA, DESESPERANZA E INSATISFACCIÓN
La depresión es uno de los males más dolorosos de nuestra sociedad moderna, conocido por todos y más extendido de lo que nos gustaría. Cuando alguien se siente deprimido experimenta lo que podríamos llamar el triángulo depresivo: una una tristeza que inunda la mayor parte del día, sensación de vacío como con falta de sentimientos, desilusionado, desesperanza y la sensación de que nada le satisface y de haber perdido la capacidad de disfrutar de las cosas (hasta las que antes le divertían y le hacían sentir bien). Además, de repente, se empieza a ver todo de manera diferente, los pensamientos se vuelven negativos. La visión de uno mismo, de su entorno y del futuro se ensombrece, todo se vuelve “negro”.
Para padecer de depresión, los síntomas han de interferir de manera significativa en la vida de la persona. Dichos síntomas son diversos, y han de darse al menos cinco de los que a continuación enumero y prolongarse durante un periodo mínimo de dos semanas:
– Sentimiento de tristeza o vacio (con presencia de episodios de llanto o no).
– Pérdida de interés por las cosas (apatía) y la capacidad para disfrutar de ellas (anhedonia) .
– Sentimiento de inutilidad (“no sirvo para nada”), culpabilidad y autocrítica excesiva.
– Indecisión, dificultad para pensar o concentrarse.
– Pensamientos repetidos de muerte o ideación suicida.
¿Notas que piensas continuamente en algo que se ha colado en tu cabeza y no puedes frenarlo? ¿Que, pese a que esas ideas sean absurdas o irracionales, no las puedes controlar? O peor aún, ¿En algo que te sucede o podría suceder? ¿Te sientes angustiado por ello? ¿Te descubres realizando tareas de forma repetida una y otra vez sin ningún sentido, con el único objetivo de encontrar tranquilidad o evitar las consecuencias catastróficas que tus pensamientos te indican?
Si te has hecho estas preguntas alguna vez, quizá seas una de las millones de personas que sufren un Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Ya que mi idea es que conozcáis en qué consiste dicha enfermedad os ofrezco una descripción breve del trastorno, pero además un video que en pocos minutos os puede dar una visión bastante completa de esta problemática
El trastorno obsesivo compulsivo se considera un trastorno de ansiedad. Consiste en la presencia de obsesiones y compulsiones.
Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos que se cuelan de forma involuntaria y repetida en la cabeza de la persona, con los que no se siente identificada, pero le generan una emoción de angustia, miedo o vergüenza, y que, pese al esfuerzo de la persona de no pensar en ellos, no puede controlarlos.
Las compulsiones o rituales son determinados pensamientos o comportamientos que se adoptan para conseguir alivio y evitar las consecuencias terribles que las obsesiones te dicen que pueden producirse. Tales comportamientos pueden ser persistentes, repetitivos, involuntarios y difíciles de soportar.
Es importante aclarar que, a todos se nos han venido alguna vez a la cabeza pensamientos absurdos o inquietantes por su contenido violento, sexual o inapropiado y eso no significa que tengamos un TOC. Esto es frecuente sobre todo cuando alguien está muy estresado o atraviesa una situación de tensión. Normalmente en estos casos, desechamos inmediatamente la idea sin más. Por ejemplo, si mientras baño a mi hijo, tengo la imagen de ahogarlo, yo puedo pensar que es absurdo, que no quiero hacerlo y que ese pensamiento no tiene nada que ver ni conmigo ni con mi realidad.
Pero si a ese mismo pensamiento, empiezo a darle importancia y lo refuerzo pensando que puedo tener instintos suicidas ocultos, me provocará angustia. Ésa es la diferenciafundamental con una obsesión, en qué sentimos y hacemos cuando se cuela el pensamiento en nuestra cabeza.
Si le prestamos atención, le concedemos credibilidad y lo hacemos nuestro, nos implicamos con ese pensamiento o idea. Empezamos a dudar si esa idea dice algo de nuestra persona, DUDA que nos provocará angustia y más duda. Y cuando entramos a luchar contra esa duda es cuando entramos en la obsesión.
Existen diferentes tipos de obsesiones y compulsiones.
Las más comunes son los “limpiadores”, cuya obsesión está relacionada con la contaminación a través de determinados objetos y situaciones, y sus rituales consisten normalmente en lavarse las manos de forma repetida, duchas prolongadas o limpiar la casa una y otra vez. Una paciente, Pilar 37 años, tenía miedo a contagiarse de SIDA. Cuando ella pensaba que podría haberse contagiado, pese a no haber estado sometida a ninguna situación de riesgo, se lavaba repetidamente las manos hasta que “su mente le decía que era suficiente”, tal y como ella misma describía.
Los “verificadores”, son personas que comprueban de manera excesiva aparatos eléctricos, puertas, ventanas…, para evitar que ocurra una “catástrofe”. Andrea, 28 años, sentía que su vida estaba totalmente limitada por sus pensamientos obsesivos, ya que se sentía obligada a comprobar si había apagado la estufa, plancha, cerrado la puerta de casa, del coche, grifos…La duda era constante, teniendo que volver a casa a comprobarlo, o no poder concentrarse en su trabajo por la preocupación, hasta el punto de preferir no salir de casa para evitar la angustia.
Los “repetidores”, al igual que los verificadores, para evitar que su pensamiento se cumpla, repiten una acción hasta que se siente aliviados. A diferencia de las anteriores, no tiene que existir una conexión lógica entre la obsesión y la compulsión. Por ejemplo, se puede pretender evitar la muerte de alguien repitiendo una determinada secuencia de números. Antonio 30 años, sentía cada vez que escuchaba o veía el número 6 que si no lo repetía un determinado número de veces sucedería algo terrible, por asociar dicho número a la idea de Satán.
Los “ordenadores”, son individuos que necesitan que su entorno esté organizado según unas normas rígidas, si no es así, se sienten molestos e incómodos.
Los “ritualizadores mentales” son aquellas personas que repiten pensamientos o imágenes para contrarrestar la preocupación que genera su obsesión. Por ejemplo, José se sometía varias veces al día a recordar acontecimientos sin importancia para convencerse a sí mismo que no padecía Alzheimer.
Los “Obsesivos puros” son aquellas personas que experimentan pensamientos negativos, muy perturbadores, incotrolables, de manera repetida, que les produce una gran angustia. A diferencia de las personas que sufren los anteriores tipos de obsesiones, éstos no realizan compulsiones o rituales como los que hemos descrito. Las más frecuentes suelen ser:
De contenido sexual: tener pensamientos o imágenes consideradas prohibidas, perversas o inapropiadas, miedo a ser pedófilo, a ser homosexual o a cometer incesto…
De contenido agresivo: ideas o imágenes en las que se agrede y daña físicamente a uno mismo u otra persona, miedo a insultar o decir obscenidades, a ser responsable de alguna catástrofe, o a cometer un delito.
Otros: miedo a volverse loco, a perder la identidad, a no hacer correctas las cosas….
Lo común a todos los tipos descritos es que:
Las obsesiones provocan inquietud y/o angustia por las consecuencias catastróficas.
Se cuelan en tu cabeza de manera involuntaria, repetitiva, se asumen como ciertas lo que provoca inquietud y angustia.
En ocasiones la persona puede reconocer la irracionalidad de su obsesión, pero pese a que intenta resistirse a ella, lo único que consigue es agravarla.
Los rituales persiguen evitar las consecuencias catastróficas y provocan una tranquilidad temporal.
Los rituales implican habitualmente secuencias específicas.
Las obsesiones te hacen entrar en la duda constante, “Y si……”, y te hacen sentir dichas dudas como propias, provocando en la mayoría de los casos que te cuestiones como persona.
Las obsesiones cada vez van a más, la angustia se hace más intensa, lo que provoca que aumenten rituales y tu vida se vea más interferida y condicionada.
La frecuencia del TOC en la actualidad, es bastante elevada, convive con nosotros a través de familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo… Sucede, que no siempre es visible para nosotros, pues el que lo padece trata de ocultarlo, pero sí genera un gran sufrimiento tanto al paciente como a su entorno más cercano en la mayoría de los casos.
Además está presente en nuestra sociedad, a través del cine, televisión, literatura…
Una vez descrito el trastorno, mi intención, como ya puse de manifiesto anteriormente, es ofrecer una visión normalizada y dinámica, siempre desde la seriedad y respeto que merece el tema. Así pues, describiré casos reales de mis pacientes ( intentaré que ellos mismos se ofrezcan a dar su testimonio), y mostraré la presencia del TOC, en el cine y televisión de modo más detallado.